Leer a Lolo Rico es como encontrarse con la calidez de los libros viejos y queridos. Todo en ella está en sintonía, incluso el barrio recoleto de los Austrias en el centro de Madrid. Las paredes de su casa te hablan desde la sabiduría contenida en las miles de horas de lectura, desde el cariño de los autores reposando en las plácidas estanterías.
Con la misma cercanía con que te habla, así es como se expresa sobre el papel. Un estilo sencillo, acogedor, cercano, casi como cuando su mirada se posa sobre su interlocutor. Lolo Rico ha publicado recientemente ‘Cartas de una madre de izquierdas a una hija de derechas’ (Plaza y Janés), donde el compromiso personal y político caminan de la mano, pues en ella no hay disociación entre su ideología y su vida. Las cartas están fechadas en 2003 y 2004.
“¿Es que todos han perdido la memoria? ¿Acaso ha cambiado el mundo de lugar? Yo me encuentro en el mismo sitio y los desequilibrios que percibo a mi alrededor me afianzas en la idea de continuar siendo la misma. Conocerlos, sin duda, para aceptarlos o rechazarlos, no para seguir la corriente a un mundo que se derrumba. Yo no he cambiado. Y tú, hija, ¿por qué eres tan distinta? Me pregunto una vez más si la culpa es mía”, centra Lolo Rico la cuestión en sus páginas.
Y la política como espacio vital en ella: “Me gustaría que entendieras que si lo politizo todo es porque cadi todo es político. Tú, yo y el profundo cariño que nos une, seguramente no. Sí el espacio en el que nos movemos, pensamos, respiramos y nos relacionamos”. Y no renuncia a sus valores.
“Te quiero aclarar que no me convence que se defina la derecha y la izquierda como conservadora y progresista. Aunque te sorprenda, yo también soy conservadora. Quiero conservar la libertad, la mía y la de los demás, y la justicia, sin ceder un ápice, y el amor, que no es cualquier cosa, aunque lo minimicemos y lo entendamos al; a veces es generosidad y a veces ira. Desconfío de quienes solo tratan de conservar el capital y las apariencias. Ser progresista consiste, sin duda, en querer cambiar el sentido de la historia y no precisamente para dirigirse hacia lo más profundo del capitalismo, como está sucediendo con tanto progreguardarropía”.
Y es rotunda en su aseveración: “La izquierda es el fruto de pensar en cómo evitar que nadie pase hambre y la derecha del deseo de conservar los privilegios. (…) La izquierda no se conforma y lucha por cambiar las cosas para hacer un mundo mejor”.




