El gobierno español ha sido sensible a los requerimientos tanto de la administración norteamericana como de las avanzadillas de la OTAN a la hora de preparar, en el próximo periodo, la «normalización» definitiva de Afganistán: Es preciso ampliar la presencia militar. Falta un acto en la guerra de ocupación en su enclave estratégico por los «intereses occidentales» que no pueden permitirse perder. Y ese acto no consiste en otra cosa que en una estabilización bélica (estabilización=aplastamiento).
Todas las previsiones españolas en cuanto a la política de Defensa y a la participación española en misiones en el extranjero, abonan la posibilidad adoptada. Superándose la pequeña aduana de la votación parlamentaria, pero no deja de ser en el fondo un requisito formal o, en todo caso, procedimental en el marco de una política de Defensa directa y brutalmente atlantista.
La operación prevista para terminar de meter a Afganistán en cintura, pasa por una intervención contundente de la OTAN en contra de la insurgencia, duplicando el actual contingente norteamericano y ampliando los ejércitos (socios) presentes. Lo que actualmente está en discusión es qué tipo de reservas plantean los distintos gobiernos a la participación de sus ejércitos nacionales. Parece ser que la única reserva que en estos momentos mantiene España es que sus soldados no apliquen la Ley de Fuga; es decir: no disparen a matar al prisionero que huye. En todo caso, las tropas españolas están en «alerta permanente», siendo con 690 efectivos uno de los más importantes, con un coste de 130 millones de euros entre el despliegue militar y la reconstrucción que se está operando; constituyéndose además esta operación española en la más costosa en vidas humanas, dados los accidentes del Yakolev y el Cougar.
Nada, pues, tiene justificación. La actuación del gobierno Zapatero es absolutamente rechazable. Y para este rechazo no basta una política de baja intensidad, que mantenga en pie el resto de adherencias hoy vivas con respecto a aspectos esenciales de la política de Zapatero. La votación a favor por parte del grupo parlamentario de IU, de la política de defensa de Zapatero no nos deja de llevar a ningún tipo de ambigüedad con respecto a la OTAN, las bases o al tema de la guerra. No basta, por tanto, con votar puntualmente en contra de la salida de contingentes. Es preciso corregir nuestra adhesión a la filosofía de fondo. No podemos aceptar, bajo ningún concepto, una política de defensa atlantista. Y aquí no vale ningún tipo de oposición de bajo voltaje.




