Querida Derecha: Sí. Ya sé que estás dividida. No sólo porque parte de los tuyos no fueron a la masiva manifestación, que tenía que haber sido tsunami y se quedó en marea alta, sino porque te manifestabas contra otra Derecha: la que está en un Gobierno que mantiene políticas de derecha con concesiones a lo social y a la modernidad insoslayable. Que tú hayas querido convertir al Sr. Zapatero, un demócrata radical, en el Anti Cristo es cosa tuya y de los psicólogos que te tratan, pero entiende que me moleste comulgar con esa rueda de molino. El señor Zapatero se podrá equivocar en las tácticas, comunicará mal sus opciones de gobernante, podrá parecer titubeante o sufrir merecidamente que le crezcan los enanos, pero en modo alguno está poniendo en peligro a ¡Ehpaña! Ni era necesario tocar a rebato sacando a la gente a decir simplezas, sobre todo si llevan mucho dolor dentro, que luego se las creen y se frustran en cuanto el cambio climático se carga las montañas nevadas.
Felizmente, mientras sacabas a la calle a los patriotas de toda la vida y de un exclusivo amor a una ¡Ehpaña! que otros muchos no podemos compartir, otras gentes, incluida una derecha que no trafica con sentimientos, se ponían a elaborar mensajes más racionales, desmontaban tus mentiras y hasta se permitían un toque de humor. Me llegó al móvil un mensaje que agradecía al Sr. Rajoy que os hubiera sacado a todos a la calle. Decía el remitente: «Nosotros somos más». Que conste que no minimizo el esfuerzo que has hecho por hacernos comprender que no estás dispuesta a consentir el drama que, según tú, se nos viene encima. Sólo que yo temo que, por mucho que sufras con los males que le diagnosticas a la Patria, tu remedio resulte peor que la supuesta enfermedad.
Si no supiéramos cómo te las gastas cuando te pones melodramática, la maniobra de acoso y derribo que le tienes montada al demócrata Zapatero sería cosa de risa. A mí, que caiga un político no me impresiona. Ya lo dijo Manu Chao: Son los fusibles del sistema. Lo que me inquieta es que el autoritarismo, la manipulación y el desprecio a «los otros» sustituyan a las pactadas reglas de funcionamiento de esta imperfecta democracia que tanto nos ha costado en el tiempo y en «las negociaciones» que se mantuvieron en su día para reinsertar en la vida democrática a los herederos directos de unos vulgares golpistas. ¡Que nos digan a nosotros si no pagamos «precio político» por pactar la Democracia para todos!
Por todo eso, Derecha, te auguro una depresión post parto, como le pasa a esas madres sobreprotectoras cuando descubren que sus retoños no comparten sus miedos y se lanzan a vivir sus propias vidas.
Cuando te canses de mirar hacia atrás, dedícate a trabajar por un futuro menos crispado. Podrás identificar mejor los males de la Patria y no parecerá que le llamas tuyo a lo que es también de otros.




