La Cuando escribo estas líneas han tenido lugar el proceso de consulta postal convocada por la dirección federal de IU y el referéndum habido en el País Valenciano. Sus resultados son sobradamente conocidos y por ello huelgo comentarios. El caso es que desde entonces la convocatoria del Consejo Federal de IU para el día 20 de Enero, se está viviendo con angustia ante el temor de que esta enésima crisis conduzca a un desenlace fatal.
IU hunde sus raíces en la política de Convergencia defendida por el PCE que dirigía Gerardo Iglesias. La concreción de aquella política en Andalucía dio nacimiento a Convocatoria en 1984. Las movilizaciones contra la OTAN junto con las evidencias del giro hacia el centro-derecha del PSOE (véase el acta fundacional del 27 de Abril de 1986) motivaron la creación de IU. Desde la primitiva plataforma electoral hasta la consolidación de una fuerza política para construir la Alternativa transcurrió un tiempo lleno de aportaciones políticas, organizativas y programáticas insertas en la conciencia colectiva de que se estaba haciendo algo nuevo. IU no nació diseñada ni acabada de una vez. Quienes quieran algún día enfrentarse al acervo de documentos políticos, organizativos y programáticos tendrán ante sí las evidencias documentadas de una colosal obra hecha por miles y miles de hombres y mujeres que se entregaron a la nueva e ilusionada labor de la izquierda revolucionaria o transformadora.
Pero la evidencia más notoria es que el PCE apostó con todas sus energías, capacidades, medios y voluntad organizativa. El nuevo mensaje, las propuestas inequívocas de izquierda, las movilizaciones al aire de las luchas sindicales o la defensa de los Derechos y Libertades junto a una ética en el ejercicio de la actividad política produjeron los frutos electorales que sin la Ley d`Hont hubieran sido mayores. Sin embargo, en el mismo origen de IU estaba larvada la génesis de unos problemas que a modo de plagas han sido una parte consustancial del proyecto.
El PCE marcó su impronta en el proyecto y ésta conectaba tanto con otros colectivos y con personas sin afiliación política que no existió, de entrada, ninguna dificultad de entidad a la hora de enriquecer y desarrollar IU. Los problemas de menor entidad y no por ello no menos molestos y engorrosos surgieron como consecuencia de la elaboración de las primeras listas electorales. Las exigencias de los minoritarios y las inercias localistas o personales en nuestras propias filas añadían un ingrediente acre al despliegue del proyecto por el que tanto apostamos.
Quienes quieran de manera reposada repasar la historia de IU encontrará abundantes datos que confirman una cuestión que hoy se muestra más que evidente: también nosotros, desde nuestra propia organización, fuimos creando por oleadas los presupuestos políticos que cuestionaban una y otra vez no sólo la independencia de IU con respecto a otras fuerzas políticas o sindicales sino incluso su especificidad como Movimiento Político y Social constructor de la Alternativa.
En cada crisis, en cada litigio interno y en cada acción de escaparate hacia el exterior hombres y mujeres del PCE cuestionaban las características y notas diferenciales que el Partido y los otros habían atribuido a IU. No pretendo dar nombres; pido a mis lectores un esfuerzo y un tiempo para recordar y hacer el listado de dirigentes, organizaciones y momentos que de manera continuada y desde 1990 oponían a la idea de IU soberana las conveniencias de una IU gregaria de otros colectivos. Comprobarán los lectores que esa lista, hija de su memoria, está plenamente hegemonizada por dirigentes del PCE.
Hoy mismo cuando estamos ante una situación que supera a las demás en gravedad nos volvemos a encontrar con dirigentes y militantes que siendo del PCE e incluso de sus órganos de dirección, plantean y desarrollan una idea de IU ajena a su concepción primitiva y a la historia posterior.
Y es que entre nosotros nunca ha habido el debate sereno, tranquilo e intelectualmente honesto para clarificar la consecuencia o inconsecuencia de nuestras actitudes.
El desarrollo de la IU que concebimos nos afectaba en toda nuestra estructura, nos obligaba a un papel de pensamiento creador y de acción consecuente con aquel lema de «Partido de lucha y de Gobierno»; la apuesta por IU no podía dejarnos indemnes y exigía una adecuación al proyecto no sólo organizativa sino de valores, prácticas y sobre todo de nítida concepción del papel del PCE. IU demandaba un PCE eficaz, motor, creador, pero en una ubicación del despliegue político que por necesidad misma demandaba del Partido más cohesión, más debate y más comportamientos organizativos concordes con la tarea que tenía por delante. El PCE en IU es una presencia permanente pero a través de unos dirigentes y militantes que asumen la autonomía e independencia del proyecto que ellos y ellas construyen cada día en el seno de sus asambleas básicas.
El debate y la reflexión que no supimos, pudimos o quisimos hacer se nos plantea ahora como una exigencia perentoria. Y la primera cuestión es saber si los que nos constituimos como PCE queremos seguir siéndolo y en caso de ser así debemos inexcusablemente y por honestidad para con nosotros y para con los demás, asumir compromisos, tareas y una línea política coherente comúnmente elaborada y aplicada. No se puede seguir abrazando cadáveres por miedo a lo desconocido. Esta era y es la cuestión de fondo que subyace en todo lo referente al Manifiesto-Programa. Presos de nuestros viejos demonios y de nuestras sempiternas paranoias hemos tendido a ver en cada reto o en cada apertura al riesgo del debate una conspiración o una traición contra el Partido. De consunción también se muere.
En la Política como en el Arte también hay creación; la historia del PCE avala esta afirmación. Pero la creación es inseparable del riesgo, de la duda, de la búsqueda. Una fuerza comunista es una permanente construcción de formas nuevas, de sistemas organizativos adecuados a las necesidades concretas de cada época. Nuestros objetivos son la Revolución y el Método para ponerla en marcha permanentemente; todo lo demás es aleatorio, prescindible y temporal.
A la creación se le opone el miedo que está inserto en la naturaleza humana. Y ese miedo hace que a veces busquemos en el pasado el refugio para el presente. Un PCE en solitario, dispensador de rituales y afrontando en exclusiva los retos de la política institucionalizada es caer el espejismo del oasis perdido y hallado. Hay en España, en Europa y en el mundo millones y millones de hombres y mujeres que desean enrolarse en un proyecto de liberación. Y el comunismo lo es. Fundémoslo. Lo único que podemos perder son las cadenas del miedo y de la inercia.




