La prima Vera acaba de incorporarse al trabajo. Y con la repugnante, nauseabunda y ruin contrarreforma laboral aprobada por el gobierno del PP, es posible que alguien ponga en práctica el despido objetivo por «falta de adaptación de la trabajadora a las modificaciones técnicas producidas» y la larguen a la calle con 20 días por año. Imaginen, el verano comenzando su trabajo el 10 de abril (siempre y cuando alguien haya decidido contratarlo).
Entramos, por tanto, en el mes de Tijerario según el calendario financiero y patronal, Germinal según el calendario republicano francés. Es el mes de la tijera de podar, el del techo de gasto a la medida de la casita de los enanitos del bosque, los que llevan cara de contentos porque las hierbecillas les hacen cosquillas en los cataplines, los mismos que no harán huelga porque la cosa no va con ellos. Porque en su casa, por supuesto, el curro lo hace Blancanieves.
Se rumorea, por cierto, que Blancanieves es pariente lejana de Guerrero & Trujillo, el famoso dúo compuesto por un ex director general de Trabajo de la Junta de Andalucía y su chófer. Veinticinco mil euros mensuales de farlopa se ventilaban ambos a costa del erario público, es decir, del bolsillo de los que sufren las políticas antilaborales, los embargo de la vivienda sin dación en pago o los recortes sociales que su partido obrero y español aprueba para salvar la economía.
El problema del PP y del PSOE no es de mala fe. Su problema es acaso de sordera, ceguera e ingenuidad, por eso tardan en descubrir las malas hierbas, pero nunca de mala fe. A Jaume Matas sólo le faltó crear su propio reallity show en televisión, para mostrar en vivo y en directo cómo se roban y se malversan los caudales públicos con descaro mientras en tu partido te aplauden con las orejas. Podría tener mascota como el Un, dos, tres, pero la escobilla Lulú sustituiría a la calabaza Ruperta. Lulú, para quien no lo sepa, es la escobilla para el váter de 400 euros que vivía en el fastuoso palacete del matrimonio Camps; aquella con la que se limpiaban los abundantes detritus humanos que lo habitaban. Es increíble cómo se acentúa el despiste y la amnesia de la gente cuando le pagan con billetes de quinientos euros, aunque termine disfrutándolos entre rejas. Antes habría que preguntarle a su admirador Rajoy aquello que García Lorca le preguntaba a su dios: ¿Estás sordo? ¿Estás ciego?¿O eres bizco de espíritu y ves el alma humana con tonos invertidos? ¡Siglo veintiuno, cambalache / problemático y febril!… / El que no llora no mama / y el que no afana es un gil! Está claro que cambiando el ordinal le fastidiamos el tango a Gardel, pero el contenido de la letra le dota de pura actualidad. Quizás porque Discépolo, su autor, la compuso durante la llamada Década Infame, una etapa entre la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial marcada por la corrupción generalizada en Argentina, la represión a los opositores y el fraude electoral sistemático.
No digo que en este país de pandereta haya corrupción generalizada, represión a los opositores y fraude electoral. No lo digo porque los dos últimos puntos habría que matizarlos. Habría que decir, para ser más exacta, que existe corrupción generalizada, censura y ninguneo a los opositores, con esporádicos (por ahora) meneos de porras, además de una ley electoral que es un fraude. Pero que el siglo veintiuno / es un despliegue / de maldá insolente, / ya no hay quien lo niegue./ Vivimos revolcaos / en un merengue / y en un mismo lodo / todos manoseaos…
– Y digo yo… ¿aquí no haría falta una Revolución?
– Y luego, ¿por qué me lo preguntas?




