La Cumbre de Cartagena terminó sin un comunicado conjunto porque América Latina en bloque se negó a aceptar las imposiciones de Estados Unidos. El presidente Barack Obama convirtió la VI Cumbre de las Américas (la primera se realizó en Miami en 1994) en el gran escaparate del enfrentamiento. Todo el mundo ha visto que en Cartagena de Indias hasta los más dependientes de Washington (los presidentes de México, Colombia y Chile) le han dicho a Estados Unidos que no habrá otra reunión continental sin la presencia de Cuba y que no firmaban una declaración conjunta si Obama se negaba a incluir el apoyo al gobierno de Argentina en su reivindicación de las Islas Malvinas.
Al presidente estadounidense le preocupa ahora el voto hispano para su reelección después de no haber cumplido sus promesas sobre la reforma migratoria y en nada le beneficia el enfrentamiento con los gobiernos latinoamericanos. Pero ha preferido mantener el veto a Cuba y a la reivindicación argentina de las Malvinas por el voto de la Florida y su alianza con Gran Bretaña.
“El imperio estadounidense desprecia a América Latina”, dijo el canciller venezolano Nicolás Maduro en la capital colonial colombiana. Y lo demostraron los guardaespaldas de Obama. Expulsaron de Cartagena a una docena de agentes del servicio secreto por montar una tremenda bronca al negarse a pagar a las putas que se habían llevado a su hotel.
El anfitrión, Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, tuvo que admitir el veto de Barack Obama contra la presencia cubana en la cumbre pero en su discurso inaugural le dijo, en representación de toda América Latina, que “sería inaceptable otra reunión sin Cuba porque su ausencia es un anacronismo de la guerra fría”. Ese arrebato de dignidad fue sólo circunstancial y no lo aplicó en su política nacional al ignorar la invitación que le reiteraron los insurgentes de las FARC, poniendo a los presidentes latinoamericanos como testigos de la propuesta de la guerrilla para negociar.
Los objetivos de Obama (parar a China en América Latina y recuperar el control político y comercial sobre la región) quedan pendientes en función de su posible reelección en noviembre. Mientras tanto, su ulcera política le puede provocar una perforación si Hugo Chávez se mantiene y el PRI regresa en las elecciones presidenciales de Venezuela y México.




