Rosa Sibrían ha tardado 32 años en recuperar a su familia. En 1980, en El Salvador, se perdió en la guerra como consecuencia del terrorismo de Estado. Fue adoptada por otra familia pero se empeñó en buscar a los suyos con la ayuda de la Comisión Nacional de Búsqueda de Niñ@s Desaparecid@s (CNB).

En el departamento de Chalatenango, junto al río Sumpul, la familia Sibrían consiguió escapar de la matanza durante una operación del ejército contra los campesinos, a los que acusaba de colaborar con la guerrilla. Los militares persiguieron a su comunidad, asesinando a 300 vecinos. Rosa, que entonces tenía 9 años, cruzó el río con sus padres y cuatro hermanos. Cuando intentaron regresar a su aldea, una patrulla mató al padre. La mujer y sus cinco hijos volvieron a escapar. En la segunda huida, mezclados con centenares de campesinos y perseguidos por la amenaza de la muerte, tres de los niños se perdieron. A dos los encontraron pero no a Rosa. Acogida por otra familia, se propuso no perder su identidad. Ahora ha recuperado a su madre y a sus hermanos.

La CNB es una organización no gubernamental que trabaja con muy poca ayuda para investigar el paradero de los niños perdidos durante la guerra civil. Muchos fueron secuestrados por el ejército en sus terribles operaciones de contrainsurgencia y algunos terminaron adoptados ilegalmente por familias estadounidenses y europeas.

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