Te quiero contar esto, Derecha, para que sepas que por mucho que tu Wert se empeñe en ponerlo difícil, seguimos firmes en la defensa de la Cultura necesaria «como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto». Estamos, juntos pero no revueltos, mayores y jóvenes, en actos que se suceden en los ateneos y en la calle, en congresos de intelectuales y en performances de estudiantes, en el sosiego de una sala decimonónica a media luz, como en una clase, a propósito de Dante y su poema sobre la avaricia descontrolada, en plena escalinata del museo al aire libre de la Castellana, allí donde no querían los franquistas que colgase Chillida su «sirena varada» de los pilares del puente de Juan Bravo.

Como el acto era en la calle, se había corrido la voz por las redes sociales y tenía su puntito novedoso, estaba aquello «abarrotao» de cámaras de televisión (de tus televisiones). El profesor que daba la clase tenía casi permanentemente un objetivo clavado en la nuca como si le fueran a dar el tiro mediático de gracia tras la salva continuada de la batería de cámaras que apuntaban desde todos los ángulos posibles… y las corresponsales pululaban, monas, amables y profesionales, acompañadas por los cámaras con más pesados movimientos, entre los asistentes pidiendo información y opinión, como si la cosa no estuviera clara. Como si hubiera algo que explicar. Que uno se pregunta: ¿Y qué hay que explicar a Intereconomía o a cualquiera de esas emisoras especializadas en catequesis conservadoras? Pero estaba claro sin necesidad de escuchar las cortísimas declaraciones montadas después en el reportaje: aquello era una manifestación muy educada, muy positiva, muy poco manipulable. Un entrevistado se permitió sugerir que no venía mal una lección pública sobre Dante y la avaricia en un barrio tan escasamente proletario. Otro señaló la buena oportunidad de acercar Dante a los agentes de las fuerzas de Orden Público que asistían al evento con prudencial distanciamiento (¿brechtiano?). Otro aún, señaló la elegante, a la par que sencilla, vestimenta del docente y su aspecto limpio y saludable. Los oyentes, más diversos, en modo alguno mostraban en sus rostros los estragos de una miseria moral o de una apenas reprimida violencia endógena o estructural. Más bien parecían alumnos de universidades californianas con criterio y sentido de lo cívico: ocupar un trozo de escalinata para compartir conocimientos y reflejar en positivo la preocupación porque la Universidad Pública no sea muerta y enterrada, como si no sirviera.

Esto mismo pero a otro nivel generacional había ocurrido durante el fin de semana en el Ateneo de Madrid. Congreso de intelectuales, escritores y artistas por el compromiso… así, sin especificar, que queda más ecuménico y a buen entendedor… Tampoco había una bandera concreta detrás de la convocatoria aunque sí conocidísimos abanderados y como era un acto más de mayores, tenía su apoyo en un ejercicio de memoria absolutamente significativo: pretendía recordar aquel otro II Congreso internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en el 75 aniversario de su celebración en julio de 1937. Dicho Congreso tuvo lugar en Valencia, Madrid, Barcelona y París. Al reunirse sobre todo en zona republicana, durante la guerra civil, intelectuales de todos los países mostraron su adhesión a la II República y su rechazo al asalto fascista que estaba sufriendo España». Podía haber hecho también una mención a Dante porque los veteranos intervinientes no descuidaron ninguna de las menciones de obligada cita en las ponencias de la izquierda: aparecieron la «revolución científico-técnica» y la «alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura» que sólo tu dios sabe cuánto trabajo nos dió durante el franquismo y lo rápido que se disolvió con la movida madrileña, que ya lo dijo don Enrique Tierno: «Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque… y al loro». Ahora ya hay mucha gente sin colocar, otros están seriamente descolocados y es muy difícil estar verdaderamente al loro con toda la contaminación mediática que padecemos.

Lo más novedoso, en aquel congreso-revival de «panteras grises» (rojas), pudo ser la referencia al planteamiento de una cultura antagonista, que es del año 2005 http://goo.gl/IfdWt, y, en cambio, no hubo demasiadas referencias a la contrapublicidad y al sabotaje cultural http://goo.gl/rCg9h que, puestos a manifestar la presencia comprometida de artistas e intelectuales en el terreno donde la derecha está imponiendo su superioridad de recursos y su implacable estrategia de dominación, ofrece tácticas divertidas, cómplices y expansivas que pueden ensanchar el número de los que debemos y tenemos que defender otra visión de la Cultura.

Porque sí que se habló del periodismo y de la televisión, y de las redes sociales… y de los derechos de autor y, en definitiva, de la propiedad. Y se propuso la creación o recreación de una red de artistas (por el compromiso, que más tarde, en algún comentario, ya hubo quien se atrevió a calificarlo de anticapitalista) y ojalá que los partidos y organizaciones de izquierda o reformistas o progresistas o más sencillo aún, de vocación democrática y pública abriesen sus locales a una agitación cultural permanente que tiene que utilizar todo el saber del mundo del espectáculo para rescatar al público cautivo de las grandes superficies, los parques temáticos y las televisiones basura y recolocarlos en el ocio creador a escala humana.

Alguien propuso la creación de una caja de resistencia. Primero habría que conseguir la de resonancia. Luego y a despecho de la discusión sobre las dimensiones de la caja, habría que ajustar muy claramente las modalidades de la resistencia que ya necesita pasar de la denuncia a la alternativa.

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