“El pueblo sabe que yo voy a avanzar, si ellos avanzan”, dijo en una reciente entrevista el presidente Encargado y candidato presidencial de la Revolución Bolivariana para las elecciones de este 14 de abril, Nicolás Maduro. A mi juicio, esta frase resume el principal legado del Presidente Hugo Chávez: devolverle la política al pueblo, la conciencia de su rol protagónico y particularmente su dignidad. Pero además brinda un mensaje lleno de optimismo sobre la continuación de la Revolución Bolivariana, al resaltar la corresponsabilidad entre el pueblo y los líderes en labores de gobierno, así como su indiscutible carácter democrático. Y más aún, habla de la gran humildad y claridad política e histórica del hombre que está asumiendo la inmensa responsabilidad de garantizar en este momento la continuidad del Proceso.

Por eso, a pesar del gran dolor que hoy nos embarga por la partida de este mundo del Comandante Chávez, tenemos que estar llenos de fuerza y esperanza, sin que eso signifique menospreciar la ardua tarea que tenemos por delante. El Presidente Chávez se nos fue rápido, pero –como si hubiese sabido su destino— construyó igual de rápido una obra impresionante, que es hoy la mayor garantía de su continuación: desde la refundación de la República, la recuperación de la soberanía venezolana y el reconocimiento del poder popular, pasando por el control sobre nuestros recursos naturales, la reconstitución del Estado y su rol, la atención de la enorme e histórica deuda social que agobiaba al país, hasta el diseño inicial de un modelo propio de desarrollo sostenible y centrado en el ser humano, el Socialismo del Siglo XXI, todavía en construcción, pero que ya ha permitido demostrar que sí hay alternativas al capitalismo salvaje. Y, no menos importante, reimpulsó y consolidó la unidad latinoamericana, despertando a sus pueblos, sin lo cual hoy nos sería imposible seguir avanzando en la construcción de la Patria.

Sobreponiéndose a la mentira de la élite apátrida y sus tentáculos en la prensa hegemónica nacional e internacional, el Presidente Chávez encontró la forma de comunicarse directo con el pueblo, de hacerlo sentir realmente soberano y, en muchos sentidos, enseñarle a gobernar. Y ahora es que algunos comenzarán a comprender la magnitud y profundidad de su obra, porque no puede reflejarse simplemente en las estadísticas aisladas de un país que redujo la pobreza en más del 50%, se convirtió en el menos desigual de Latinoamérica o uno de los primeros en escalar más puestos en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de Desarrollo de la Naciones Unidas (PNUD) en la última década. Mucho menos se deduce de las frías cifras macroeconómicas –tan manipuladas por la prensa— de un país de 28 millones de habitantes que ha triplicado su Producto Interno Bruto (PIB) en la última década, crece al 5%,  tiene una relación deuda/PIB alrededor de 25%, reservas internacionales que rozan los 30.000 millones de dólares, una inflación –que aunque todavía no es baja (21%)— está muy por debajo a la de gobiernos anteriores (50%), y un desempleo de 6,5%. Su mayor obra, que fue la siembra de conciencia, de ciudadanía, se va a ver ahora que está ausente físicamente y se hará cada vez más visible en la madurez y gallardía con la cual el pueblo venezolano –incluyendo el equipo que él directamente formó para ayudar a orientar la construcción de la Venezuela Bolivariana— está y seguirá asumiendo la responsabilidad que ahora tiene sobre sus hombros.

Como ha dicho Maduro, el Presidente Chávez ha querido pasarle el testigo, pero es un testigo colectivo, en la mano de él van la de millones de venezolanos y venezolanas y la de un equipo, la dirección político-militar de la Revolución, el alto mando político, el gobierno central, los gobernadores, el Gran Polo Patriótico. Para los revolucionarios venezolanos la tarea inmediata es brindarle una gran victoria al Comandante Chávez en las elecciones del 14 de abril, la elección número 18 que el país realiza desde que el presidente Chávez fue electo por primera vez en 1998.

Todo confluye para que estas elecciones sean realmente históricas para la Revolución Bolivariana, con unos niveles de movilización altísimos. Hay que recordar que el presidente Chávez ganó las elecciones del 7 de octubre pasado con el 55,7% de los votos y la participación más alta de la historia nacional (80,4%), en un país donde votar no es obligatorio y a pesar de las limitaciones por su salud.

Para los compañeros y compañeras que nos acompañan desde el exterior, la tarea inmediata es ayudarnos a que se conozca todo lo que está en juego en esta elección, el nivel de conciencia del pueblo venezolano, la credibilidad y transparencia del poder electoral venezolano (100% automatizado y con un sistema de seguridad que incluye 17 auditorías, entre ellas la de las papeletas que se emiten al votar), así como la participación de observadores nacionales y acompañantes internacionales, y los reconocimientos de la propia oposición, que hasta ha confiado al Consejo Nacional Electoral (CNE) sus primarias. Se trata de ayudarnos a que se entienda y se respete la previsible respuesta que el pueblo venezolano dará en estas elecciones en homenaje al Presidente Chávez y para que no se detenga la Revolución Bolivariana.

Después de estas elecciones la tarea es seguir avanzando. El Comandante Chávez nos dejó el plan. Como lo recordó Maduro en su juramentación como presidente encargado, tenemos cinco grandes objetivos, que pueden parafrasearse como 1) consolidar la independencia nacional; 2) continuar construyendo el socialismo del siglo XXI venezolano, como alternativa al capitalismo salvaje; 3) impulsar el desarrollo de Venezuela como potencia en lo social, económico y político, en el marco de una América Latina y caribeña integrada y en paz; 4) seguir contribuyendo al desarrollo de una nueva geopolítica internacional pluripolar; así como 5) a la preservación del planeta tierra y la especie humana.

Mucho trabajo se engloba en cada una de estos cinco objetivos, y no son pequeños los retos que tenemos por delante, pero tenemos las bases para seguir avanzando en su dirección, siempre con liderazgo colectivo y profundizando la democracia participativa.

El pueblo venezolano nunca ha tenido tanta fuerza y tantas ganas de seguir luchando como hoy. Chávez nos abrió el camino y nos dejó el mapa para continuar, no podemos fallar. Sabemos que nos acompañan los pueblos del mundo.

¡Chávez vive, la lucha sigue!

Descubre más desde Mundo Obrero

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo