El 16 de marzo, de repente Chipre salta a los titulares de la prensa europea, y pronto la noticia cruza las fronteras del continente. Los líderes del Eurogrupo, por detrás, a puertas cerradas, junto al FMI y al BCE, alcanzaron lo que ha sido descrito por todos como una decisión sin precedentes: imponer un impuesto único a los depósitos en todos los bancos en Chipre con el fin de rescatar a los dos bancos necesitados de recapitalización. La medida pretendía recaudar 5,8 millones de euros. Esta medida violaba las normas de la Unión Europea que garantizan los depósitos por debajo de los 100.000 euros a la vez que infligían un golpe desastroso para un sector muy importante de la economía de Chipre, el sector financiero, que tiene múltiples consecuencias en cadena y produce escalofríos en los depositantes de la eurozona. Chipre iba a ser utilizado como un nuevo conejillo de indias, esta vez para probar las medidas de ajuste en los depósitos, cuando el propio Estado estaba en una situación fiscal completamente sana.

El pueblo chipriota despertó a una realidad esperpéntica. Todos los bancos estaban cerrados, las cuentas bancarias bloqueadas, limitada la retirada de dinero de los cajeros, una medida que debía durar al menos 10 días. Se recordó el «Corralito» de Argentina. Poco a poco el pueblo debía captar todo el abismo la situación: este acuerdo alcanzado por el recién elegido presidente de derecha de la República de Chipre, con sus 16 socios del Eurogrupo, sería el comienzo del conocido patrón de memorandos de austeridad.

Las condiciones impuestas en Irlanda, Portugal, España y Grecia con privatizaciones, reducción de salarios y pensiones, el desmantelamiento de los sistemas de educación y de sanidad y del estado social en su conjunto, en el nombre del Pacto de Estabilidad Fiscal eran ya conocidos por el pueblo, y AKEL había advertido en repetidas ocasiones sobre lo que podría pasar en Chipre en caso de que la derecha ganara las elecciones presidenciales del pasado mes de febrero, como así sucedió. Este tipo de políticas de ninguna manera puede resolver la crisis sistémica del capitalismo; al contrario, lo que hacen es conducir a los países y a los pueblos a una espiral de recesión, al aumento del desempleo, y a la esclavización de los países a la infame Troika.

El plan era aprovechar el día festivo del 18 de marzo para contar con el acuerdo en la Cámara de Representantes el domingo e imponerlo el lunes, no dejando ningún espacio como creían, para la reacción. Sin embargo, la reacción de AKEL, los sindicatos de clase y los movimientos de mujeres y jóvenes, fue llamar a una oposición organizada y de masas contra el desastroso acuerdo. El 19 de marzo Chipre vivió una jornada de movilización sin precedentes.

Finalmente la votación se realizó el 19 de marzo, en lugar del 17, como hubieran deseado. 36 diputados votaron contra el acuerdo, con la abstención, bajo de la presión popular, de los 20 miembros del partido en el gobierno. Esta ha sido la primera vez que un Parlamento ha rechazado un acuerdo de rescate de la Eurozona, una acción que se impactó mucho más allá de las fronteras chipriotas.

Como era de esperar, eso era sólo el comienzo. La UE y el FMI respondieron con chantaje flagrante de amenaza de destrucción fatal de los bancos de Chipre y la posterior quiebra de la República de Chipre. El gobierno no estaba dispuesto a investigar la posibilidad de obtener ayuda financiera de la Federación Rusa y buscar alternativas, lo que dio como resultado un segundo acuerdo sobre 24 marzo.

Esto limitó el recorte a los depósitos superiores a los 100.000 euros y sólo en los dos bancos con problemas, acompañado por la reestructuración de esos dos bancos, lo que provocó el cierre del más pequeño y grandes pérdidas para los depositantes del otro.

Entretanto parece haberse alcanzado un acuerdo en un memorando de entendimiento que conlleva enormes sacrificios para nuestro pueblo: desempleo, recesión, severa austeridad, daño en los fondos de la Providencia y cierres masivos de pequeñas y medias empresas; incluye la privatización de tres servicios públicos rentables semiestatales (telecomunicaciones, eléctricas y autoridades portuarias), recortes en salarios y pensiones y demolición del Estado del Bienestar.

El gobierno anterior del Presidente Christofias mantuvo duras negociaciones con la Troika durante unos seis meses, y la Troika entonces decidió suspender las conversaciones hasta después de las elecciones presidenciales en Chipre, cuando pensaban que serían capaces de lograr todo lo que querían.

AKEL define estas exigencias como política neocolonial y en realidad representan una declaración de guerra contra la República de Chipre. Sin embargo, no escapan a nuestra atención que esta acción es parte de la competencia interimperialista entre la UE, y más concretamente de Alemania y Rusia, teniendo en cuenta que se pretende dañar a los depositantes extranjeros y empresas que operan en Chipre.

Más aún, la Troika pretende poner bajo su control las enormes reservas de gas natural, recientemente descubiertas en la Zona Económica de Exclusiva de la República de Chipre. Estas políticas tienen como objetivo someter a la República de Chipre y socavar su soberanía. Las intervenciones provocadoras de Turquía, que se han intensificado en los últimos días, van a demostrar los planes más amplios que existen sobre el futuro de Chipre.

Frente a estos acontecimientos, AKEL, con el conjunto del movimiento popular de la izquierda, está constantemente pidiendo a los trabajadores, a los jóvenes y a todos los ciudadanos chipriotas que organicen movilizaciones y expresen su rechazo a estos acuerdos y lo que conlleva.

Se ha organizado un amplio movimiento contra las privatizaciones con el objetivo de proteger la riqueza pública de nuestro país. Al mismo tiempo, AKEL presenta a las gente las propuestas que liberarían a Chipre de las demandas de la Troika y la permitirían plantarse sobre sus propios pies, confiando en sus propias fuerzas, y con el apoyo de los países que tienen razones para hacerlo también por beneficio mutuo.

AKEL considera que debe retirarse la solicitud de un rescate de los mecanismos de estabilidad y que la solución debe encontrarse fuera de la Troika y el marco del memorando.

Por todo esto, AKEL ha exigido que se de al pueblo chipriota el derecho de expresar su opinión a través de un referéndum que debe convocarse lo antes posible.

En esta lucha difícil compartida por todos los pueblos de los países del Sur de la UE, la solidaridad es un arma importante que nos refuerza y nos hace más resueltos en la defensa de nuestra gente y el futuro de nuestro país.

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