“…la causa republicana también puede ayudar decisivamente a la articulación del discurso político necesario para iniciar ese proceso constituyente desde el que construir un mejor futuro. Mucho podemos aprender de la experiencia democrática que se intentó en la España de los años treinta a la hora de configurar ese marco ideológico-jurídico que, para superar al actual, debería basarse en la cultura de la democracia participativa, la justicia social, la laicidad y la profundización en derechos. Valores que eran, precisamente, los que defendían las mujeres y hombres republicanos, de quienes nos acordamos hoy con agradecimiento y orgullo».
Juan Carlos Monedero, Público,
14 de abril de 2013.
Lo analizaba, con su habitual lucidez, Juan Carlos Monedero y el 14 de abril en Madrid fue un día en el que hubo ocasión para la reflexión y para la emoción, desde la participación. El acto de homenaje a las víctimas del franquismo en la tapia del Cementerio del Este, organizado por el colectivo «Memoria y Libertad» se desarrolló entre la reivindicación de la memoria y la dignidad y la afirmación de un pensamiento libre, como el mensaje (que apenas se sentía póstumo) de José Luis Sampedro, ofrecido muy oportunamente esa misma noche por La Sexta). Un pensamiento libre que no renunciaba ni a la fina ironía (el arranque de la intervención de Martín Pallín citando la preocupación informativa de TVE, ese mismo día 14, por un sismo en las antípodas) ni a la sátira política que se ofreció, en el acto que se celebró por la tarde, al público que llenaba por completo el Salón de Actos del Ateneo de Madrid, con las intervenciones de Don Martín de la Gaita, Pepe Tarduchi, Carmen Niño y el que te escribe.
Pero, una vez más, el centro de la cuestión, en medio de una soleada mañana, junto a una tapia tapizada con claveles rojos y fotografías, estuvo en la firme voluntad de las familias de las víctimas de la represión franquista de no olvidar ese genocidio. Amparo Climent, Mariano Crespo y Remedios Palomo se encargaron de guiarnos a través de las distintas intervenciones entre las que se produjo un momento especialmente dramático: entre canciones y poemas, entre artistas como Alvaro de Luna, Germán Torres, Carlos Olalla, Cristina Maristany, Pedro Pastor, o el dúo Unomasuna, la intervención de Hilda Farfante, una voz y una presencia llenas de dolor inolvidable y de dignidad. Tienen estos testimonios una fuerza que trasciende la condición de víctima y se transforman en un grito que acusa a los criminales de ayer y exige reparación hoy. Una reparación que se tiene que basar en la justicia.
Por la tarde, el Ateneo de Madrid dedicó su Salón de Actos a la celebración de un largo evento en el que se mezclaron, en apropiadas dosis, convenientemente presentadas por Remedios Palomo y Fernando Olmeda, las aportaciones artísticas líricas (Miriam Penela con acompañamiento de Marcelo Raigal, Carmen Avendaño), las humorísticas ya citadas, y las intervenciones de Miguel Pastrana, Mariluz Alonso, Fausto Canales, Mirta Núñez, Juan Carlos Mestre, Juan José Tamayo, María Garzón y Germán Alonso. El final disfrutó de la incorporación (en el último minuto y dando un aire de espontaneidad tan real como que se acababa de producir su llegada al lugar de la actuación) de la Solfónica, admirable banda y coro, que en esta ocasión interpretó con todos los asistentes provistos de la chuleta correspondiente, una emotiva versión de «Grândola vila morena».
Nos acordamos mucho de tí, Derecha, pero mucho más de nuestros muertos. Y de algo más: Que mantener su memoria no es sólo una emoción y un deber. Es una promesa de futuro.




