A 75 kilómetros de Tegucigalpa, 500 militares de las fuerzas especiales de Estados Unidos están permanentemente dispuestos para intervenir en América Latina. Ocupan la base aérea José Enrique Soto Cano, construida por Washington en 1984 y que se hizo famosa con la denominación de Palmerola cuando desde allí se combatía a las guerrillas de El Salvador y de Guatemala. Era además la rampa de lanzamiento para las operaciones de apoyo a la contra antisandinista. Situada en el valle hondureño de Comayagua, tiene una pista de longitud suficiente para acoger a los aviones militares o de transporte de mayor tamaño y es un avispero de helicópteros de ataque. Como no oculta el jefe del destacamento estadounidense, el coronel Guy Lemire, «Palmerola es el lugar desde donde se puede hacer una movilización rápida hacia cualquier país de América Latina». La excusa es ayudar al gobierno de Honduras para impedir el narcotráfico pero la implicación en el golpe de Estado del 2009 contra el presidente Manuel Zelaya confirmó que Obama mantiene sus opciones de intervenir por las malas en una Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) que ya no se somete.




