Los días 6 y 7 de abril tuvo lugar en Atenas un debate sobre del Grupo de Trabajo de Política Económica del Partido de la Izquierda Europea (PIE). En dicho debate había compañeros y compañeras de Synaspismos y Syriza de Grecia, del Bloco de Esquerda de Portugal, de Die Linke de Alemania, del Partido Comunista de Francia, del Partido Alianza de Izquierdas de Finlandia, del Partido Alianza Socialista de Rumanía, del Partido Libertad y Solidaridad de Turquía y del Partido Comunista de España.

La verdad es que el momento y el sitio fueron exponentes del desastre al que están llevando la presión de la Troika, del FMI y la Comisión, con el “corralito” impuesto a Chipre y el desmoronamiento de la economía griega tras el tercer Memorándum.

El primer punto fue la situación en Chipre. País que se presentaba como ejemplo de éxito en sus finanzas con una situación buena de empleo y de servicios públicos sufre las consecuencias del desastre de Grecia por su exposición masiva a los capitales griegos. Los recortes a Grecia dejan a los bancos chipriotas sin capacidad de liquidez. Es de señalar que todo se precipita con la derrota por escaso margen del anterior partido gobernante, el partido comunista, Akel, y la llegada al poder de la derecha ayudada por el partido socialista. Es el momento elegido para poner en marcha un proceso de desmantelamiento del Estado del Bienestar al cargar con esta deuda el Estado con la excusa de la crisis financiera. La fórmula que se utiliza en Chipre va a ser la combinación de los recortes presupuestarios como en España, Portugal, Grecia, Italia, Irlanda, etc., a los que se añade por primera vez en Europa la tristemente célebre experiencia del “corralito” argentino, la “imposición” a los depósitos con más de 100.000 euros de hasta un 40% de su valor. Con ello se consiguen dos cosas: hundir más aún la economía de Chipre, causando desempleo y disminución de las prestaciones sociales, de forma que entre los recortes y este impuesto no hay ninguna posibilidad de recuperar la economía y, por otra parte, se da la señal al resto de la sociedad europea de que los “sacrosantos” depósitos no son tan sacrosantos.

El segundo punto del orden del día era la conveniencia de aportar sugerencias al debate congresual del PIE antes de su celebración en Madrid, en diciembre de este año. Se critica el objetivo más importante de la estrategia europea, la implantación de la agenda neoliberal como oportunidad para que los mercados campen a sus anchas y así beneficiar los intereses del capital frente a los de los trabajadores. Todo ello hecho de forma no democrática marginando el Parlamento Europeo y sujetando a los gobiernos nacionales a través de un Banco Central Europeo (BCE) y resto de instituciones con sus reformas estructurales sin ningún mandato democrático ni responsabilidad pública.

La Izquierda Europea quiere invertir este proceso para reemplazar la agenda neoliberal con un programa de reconstrucción social y económica. Hay que conseguir que las élites financieras y económicas paguen la crisis con la perspectiva de construir una sociedad más justa y cohesionada en la que las necesidades e intereses de las capas populares sean los objetivos.

Nuestro Programa se basa en tres pilares: 1) la justicia Social, 2) la Reforma del Estado, y 3) una solución europea al problema de las deudas soberanas. Además de ser contraproducentes en términos económicos las medidas de austeridad lo son políticamente al erosionar la democracia. Nuestra propuesta parte de la aseveración de que la crisis es europea y refleja cómo la construcción de la Eurozona ha producido asimetrías. Para ello proponemos cuatro medidas de política económica: 1) la Tasa a las transacciones financieras a nivel europeo, 2) una imposición a las fortunas, 3) la separación de los bancos según su cometido (comercial o de inversión) como se hizo en Estados Unidos tras la ley Glass-Steagall en 1933 hasta 1999, más la abolición de los paraísos fiscales, y 4) la creación de una Agencia de clasificación de las entidades financieras.

Además, se aportaron las siguientes propuestas: 1) Supervisión y recapitalización del sistema bancario en el ámbito europeo a través de fondos procedentes de los propios bancos y con cláusulas condicionantes a los propios bancos no a los Estados, y con control social de los bancos recapitalizados obligando a créditos para las pequeñas y medianas empresas; 2) la supervisión no se haría por el BCE sino que sería responsable ante el Parlamento Europeo; 3) un cambio sustancial en el BCE para que sea responsable ante el Parlamento Europeo con transparencia y con la misión de conseguir pleno empleo como objetivo prioritario; 4) tanto el BCE como el Banco de Inversiones y otras instituciones financieras europeas deben desarrollar instrumentos financieros para conseguir solidaridad europea como alternativas a la austeridad sin los condicionantes actuales impuestos por los mercados. Deseamos un BCE que sea verdaderamente un Banco Central con sus cometidos de facilitar el préstamo de liquidez, no sólo a los bancos sino también a los Estados; 5) la introducción de una Fondo para el Desarrollo Social y la Solidaridad que permita financiar proyectos sin los condicionantes actuales de la austeridad y que persiga la creación de empleo, la protección medioambiental y la mejora de los servicios públicos. Cambiando además los criterios de pertenencia a la Eurozona para que no sean exclusivamente criterios financieros basados en la estrategia neoliberal sino consideraciones laborales como los salarios mínimos.

“Nuestras propuestas están basadas en la necesidad de mejorar las condiciones de vida de los pueblos de Europa. Para ello somos conscientes de que estas demandas han de ir acompañadas de una lucha continua de los movimientos sociales y de los sindicatos europeos para aumentar los salarios, las pensiones y proteger los servicios públicos”.

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