Hay una diferencia sustancial entre la cultura musical anglosajona y la española en lo que al pop y el rock atañen. En esos otros lugares, el hacerse viejo no es un estigma por el que el músico deba retirarse; por estos pagos, el rockero que pasa de los 50 años -salvo excepciones- es un artista con poco margen para seguir en su línea, ya que es tachada de caduca, desfasada y que no aporta nada nuevo. ¡Como si crear fuera un manantial que brota eternamente! A músicos que han dado muchos y buenos discos ya no se les debe exigir que de su talento y trabajo nazcan canciones magníficas unas tras otras. Al contrario, sería la generosidad con ellos, el reconocimiento a su obra y que se les pueda ver en directo en salas de mediado aforo lo que alimentaría su continuidad.

Pongamos ejemplos. Uno de los más grandes músicos de toda la historia es B.B. King. Tiene 88 años. Lleva casi toda su vida de ruta, de escenario en escenario. Ha recorrido el mundo sin importarle el lugar ni el tamaño de la sala. Siempre ha sido una persona accesible y, claro que lleva mucho tiempo viviendo “de las rentas”, como se dice por aquí, pero es que su repertorio lo permite. Lejos de infravalorarle con epítetos tales como “viejo”, “cansino”, “pesado”…, él sigue contando con el reconocimiento del público y de los músicos. Animo a los lectores a que miren su página web oficial y verán las citas de conciertos para diciembre y enero. Ahí está, trabajando, dando el callo día tras día, arrastrando con dignidad su voluminoso cuerpo y su peculiar estilo de sacarle brillo a las cuerdas de la guitarra.

Ahora me centro en España con otros dos artistas de respetada dignidad. Miguel Ríos acaba de recibir el Grammy especial 2013 de la Academia Latina de la Grabación por su contribución a la música. Pocas veces puedo estar tan de acuerdo con el jurado de esta institución, cuando lo habitual es que me provoque una sensación de náusea la lista de sus elegidos. Y no es porque Miguel Ríos esté entre mis músicos preferidos, sino por el tesón y lo mucho que ha ayudado a la comunidad rockera de nuestro país. Cierto que ha publicado discos mediocres. Pero, ¿qué músico con su amplia trayectoria no lo ha hecho? A mí no me gusta que Miguel Ríos se haya retirado,con salvedades para puntuales citas con fines muy concretos. Es una persona que ama la música, que le ha dado grandes espectáculos a la música en vivo y que vive las tablas. Por eso, entendería que Miguel Ríos siguiera la estela de B.B. King, tocando a menudo en salas pequeñas en formato más modesto y aspirando el calor del público.

Otro galardón reciente es el concedido a Luz Casal: Premio Nacional de las Músicas Actuales 2013. No es la primera, ni será la última, que este pedazo de mujer y artista viene a esta columna. Honesta, trabajadora, exquisita en la interpretación, sencilla en sus maneras. Al conocer la noticia, Luz Casal se hallaba en París cantando las canciones de su disco ‘Almas gemelas’. El jurado estima en ella su voz -“cálida”- y su amplio bagaje: rock, baladas, boleros, que le ha procurado un público muy diverso. En las dos ediciones anteriores, lo recibieron Kiko Veneno y Santiago Auserón, todos nacidos en la década de los cincuenta.

Así, la cuestión que subyace es aquel axioma de “demasiado joven para morir, demasiado viejo para el rock and roll”. Y de eso nada: son músicos, son extraordinarios artistas, son mayores, aunque ya se sabe que este último concepto es tan relativo como la medida del tiempo.

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