La posición del gobierno Rajoy en Oriente Medio debería analizarse teniendo en cuenta sus ausencias. El caso sirio es el más inmediato. El gobierno no ha definido ni propuestas ni una hoja de ruta en política exterior. Así, el análisis de las directrices políticas, sólo pueden ser comprendidas desde su inexistencia. Es un gobierno lacayo, de un país colonizado tanto económicamente como en política internacional.

Desde el inicio del conflicto sirio en el 2011, el gobierno Rajoy se ha limitado a esperar las directrices de la OTAN y actuar a su dictado. Cuando esta organización fue incapaz de articular una respuesta común, el gobierno ha mirado a EEUU. Pero no sólo de Washington ha buscado orientación, sino de países como Arabia Saudita o Qatar que son los auténticos financiadores del terrorismo en la zona. No es inverosímil plantear que el contrato del AVE de la Meca a Medina, adjudicado a un consorcio de empresas franco-españolas, es la contraprestación del apoyo político del gobierno español a los grupos opositores sirios. Pero no sólo eso, tal y como apuntan algunos medios, es también el cerrar los ojos en el reclutamiento de rebeldes jhidadistas en España para enviarlos al frente sirio y finalmente el apoyo de las medidas de bloqueo económico contra Irán.

En este sentido la política exterior española en Medio Oriente siempre ha adolecido del mismo problema. En la época de Felipe González, entre una guerra del Golfo y otra, algunas empresas españolas especialmente panificadoras desembarcaron en Bagdad. Era un momento óptimo para alcanzar acuerdos de exportación con el gobierno de Sadam Hussein. La presión de EEUU y la cobardía del gobierno de turno frustraron la operación mientras las empresas norteamericanas hacían pingües negocios con el gobierno iraquí. El gobierno Rajoy ha apostado en todo este proceso por la ruptura de la estabilidad regional sin ninguna ganancia práctica. La improvisación, la incapacidad y el inmediatismo son los únicos adjetivos que se pueden utilizar.

Sin duda fue con los gobiernos Aznar-Rajoy, donde el servilismo ha alacanzado sus cotas más altas. La situación actual es el ejemplo más evidente. En el mes de abril del 2013 y en la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores tenía lugar la reunión entre los opositores sirios y el ministro José Manuel García-Margallo. El encuentro respondía al ofrecimiento hecho por el Gobierno español a la Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y de la Revolución Sirias (CNFORS). España fue unos de los primeros países en reconocer a esta organización como representante legítimo del pueblo sirio. García Margallo se mostró además partidario de autorizar la entrega de material de defensa a la oposición. A la salida de la reunión la posición del Ministerio y del gobierno Rajoy en Oriente Medio, fue definida con meridiana claridad, no por el ministro, sino por un portavoz de la coalición Opositora cuando dijo: “cualquier negociación que ayude a la caída de Al-Assad, aunque sea con Al-Qaida es buena” y todo eso bajo la atenta mirada del propio ministro. La oposición dialoga en las conversaciones de Ginebra II con los grupos terroristas del interior. Hace pocos días El Frente Islámico, formado por grupos fanáticos Wahabíes y Takfiris y al que se le atribuyen entre otras matanzas el coche bomba contra la universidad de Damasco que ocasionó casi 50 muertos, rechazaba la Conferencia de Ginebra. Su portavoz Abu Omar, dijo por Twitter “El futuro de Siria será decidido aquí, sobre el terreno, y firmado con la sangre de los frentes y no en conferencias vacías a las que acuden aquellos que no se representan ni a sí mismos”.

Así el gobierno que reclama las acciones más duras contra el terrorismo etarra, no duda en ser condescendiente con otras organizaciones similares o implicadas en actos brutales contra la población civil. Estas organizaciones criminales que operan en Siria han sido denunciadas nada menos que por el representante de la ONU para el conflicto sirio Landar Brahimi. “Su perversidad, obstaculiza la llegada de la paz a esa nación árabe”[1], dijo el negociador en la primera rueda de prensa en la Conferencia de Ginebra II. Admitía el negociador de la Liga Árabe, también, que ese terrorismo existe y que será exportado con toda seguridad.

Los medios condescendientes con el gobierno español no han tenido más remedio que reconocer la implicación de mercenarios europeos en Siria. Manuel Valls (ministro del interior francés) lo ha expresado en varias ocasiones. Ha intentado poner en guardia al gobierno francés en primer lugar pero también al español, del riesgo que para la ciudadanía tiene la vuelta de los militantes adiestrados en el combate urbano, especializados en demolición y uso de armas de guerra. Es el caso de Abdelwahid Sadik Mohammed, ciudadano español que ha combatido en Siria e Iraq. De vuelta a España fue detenido en Málaga el 5 de enero. Está considerado por el Ministerio del Interior como “un riesgo para la seguridad nacional” por su vinculación con Al Qaida.

Las cifras oscilan, desde pocas decenas hasta cerca de un centenar de combatientes españoles en Siria, de los cuales ya habrían perecido unas docenas.

La postura del PP en la crisis en Oriente Medio es similar a la adoptada por el gobierno Zapatero en el caso libio; el apoyo militar a la coalición internacional y el reconocimiento político de las fuerzas de la oposición. En aquel caso como en este meros grupos terroristas. Estas organizaciones mercenarias no pretendían traer las libertades y la democracia supuestamente perdidas, sino imponer una concepción fascista y fanática de la religión y el estado. Un nuevo orden económico al servicio de las empresas energéticas.[2] Terrorismo y capitalismo, como siempre, van de la mano.

Las propuestas del PP en la crisis siria influyen sobre las relaciones directas con los países vecinos, Iraq, Irán, Turquía…. La posición de España sólo puede ser definida de una forma: la claudicación más absoluta a los dictados de los EEUU y la OTAN.

La expresión más evidente de esta situación se produjo en la crisis del 21 agosto 2013, cuando decenas de personas morían asfixiadas por un ataque químico. En ese momento se culpabilizó al gobierno de Damasco de aquella matanza.[3] Mientras la UE enmudecía bajo la presión de Alemania e Italia y la OTAN dudaba de intervenir militarmente, el portavoz del Grupo Popular en la Comisión de Asuntos Exteriores, José María Beneyto, declaraba: “Si EE.UU. y Francia toman la decisión de intervenir y Washington, a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), o directamente, solicitara la utilización de las bases que hay en España, obviamente, Madrid cumpliría con sus obligaciones internacionales”. Tras la cumbre del G-20 Madrid volvía a definir su posición en la cuestión siria al emitir un comunicado en el que se instaba a dar una “fuerte respuesta internacional”. Exteriores quiso diluir la cuestión, haciendo hincapié en que eso no significaría la participación de España en la guerra contra Siria.

Así, mientras Estados Unidos enviaba dos emisarios a Teherán[4], en paralelo el ejército español despachaba la fragata “Pardo de Luzo” a la zona. Esta unidad había de comandar a las escuadrillas navales de la OTAN que operaban como un arco de protección al resto de la flota. De haberse producido el ataque contra Damasco, España habría entrado en guerra, no solo contra Siria, sino contra sus aliados especialmente, Rusia, Líbano e Irán. La situación se volvió a tensar extraordinariamente cuando se detectó el lanzamiento de dos misiles balísticos el tres de septiembre, como recogieron medios diplomáticos árabes y rusos desde aguas territoriales españoles. De no haber podido ser neutralizados, el sobrevuelo de este tipo de armas sobre barcos no avisados (léase la flota rusa y barcos chinos apostados en la costa siria) se podría considerar como un acto de guerra según el derecho internacional, con las consecuencias fácilmente imaginables.

Obama cambia de postura, no sólo en el tema sirio, sino especialmente en el tema iraní. Jose Maria Margallo que no ha intuido el cambio en las relaciones de dominación en Oriente Medio, vuelve a quedar en evidencia. Sus grandes aliados continúan siendo Turquía, Qatar y Arabia Saudita, este último país, auténtico financiador del terrorismo en Oriente Medio ofrece a cambio de que España y Francia mantengan la postura agresiva, la participación en la construcción del AVE de Medina a la Meca. Otra de las condiciones impuestas por Arabia Saudita a nuestro país, es permitir el acceso de reclutas yihadistas (financiados por la familia Real Saudí) al frente sirio, el desmantelamiento en las últimas semanas de algunas de estas redes de reclutamiento, ha provocado enorme preocupación en las Unidades de la Guardia Civil especializadas en la lucha antiterrorista. La prensa habla de cifras anecdóticas, unos cuantos militantes Salafistas de vuelta a Melilla, uno o dos como máximo. Informes filtrados por el Ministro del Interior de Francia Manuel Valls, habla de más 2000 occidentales combatiendo actualmente en Siria y Líbano. En los tres años de guerra podrían haber pasado unos 11000. Los supervivientes, que necesariamente volverán, se convertirán en elementos fanatizados y sobretodo adiestrados en demolición y uso de armas de guerra.

La ceguera del gobierno Rajoy se pone aún más de manifiesto en la medida en que no ha sido capaz de prever el nuevo giro de la situación. De una posibilidad de conflicto con Irán casi inminente, se ha pasado a una situación de acuerdo entre los países occidentales y el gobierno de Teherán. La diplomacia española nuevamente a contrapié. Rajoy había apostado por la intervención y la destrucción de Siria, lo que equivalía a enfrentarse no sólo a Rusia, sino entre otros muchos enemigos al propio país persa. El bloqueo decretado por una parte de la UE ha afectado especialmente a nuestro país que obtenía el 14% del petróleo consumido de pozos iraníes. Otros países como Alemania tienen formas de suministro alternativas especialmente desde Rusia.

Ni Rajoy ni nadie supo ni quiso evaluar las consecuencias y menos aún prever el desarrollo de los acontecimientos. España era un mero «palanganero“de la política exterior norteamericana. De ahí que rápidamente el ministro de industria, uno de los ministros técnicamente peor dotados del gabinete Rajoy, que ya es decir, giró rápidamente en un intento de hacerse creíble y propuso al gobierno de Teherán la posibilidad de crear una línea de AVE.

Las señales son contradictorias. La diplomacia española no es capaz de interpretar los cambios. EEUU y Rusia rearman cada uno a sus leales. Obama dando apoyo a la oposición Salafista e indirectamente a Al-Qaida, la posición española mucho nos tememos continuará en la misma línea repitiendo como un eco las voces de mando del Pentágono y poniendo en grave riesgo a la propia ciudadanía, porque es evidente que los trenes de los trabajadores no pasan por el barrio de Salamanca ni Pedralbes.

Notas:
1. Conferencia de prensa 25 de enero 2014.

2. La guerra en Libia le permitió a Repsol ahorrar pagos comprometidos por unos 90 millones de euros.

3. En la actualidad los propios informes del ejército de Estados Unidos afirman que era imposible técnicamente que las fuerzas del ejército de Damasco hubieran podido utilizar gases. Con toda seguridad los expertos norteamericanos achacan a la oposición la utilización de esa arma de guerra.

4. El presidente Barack Obama envió dos negociadores a Irán para solicitar al presidente Hasan Rohani un ataque de baja intensidad contra Siria. El Líder Supremo iraní, AlíJameni, tras consultas pertinentes, respondió que “no toleraría agresiones contra el pueblo sirio”.

Descubre más desde Mundo Obrero

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo