Alfredo Pérez Rubalcaba ha presentado, durante el último fin de semana del mes de marzo, la propuesta fiscal que los socialistas han preparado de cara a las elecciones europeas de mayo, y sobre todo, a las elecciones generales de 2015. Rubalcaba ha definido su propuesta fiscal como “buena” y ha asegurado que servirá para “que paguen los que nunca han pagado”.
En honor a la verdad hay que decir que en la propuesta fiscal de Rubalcaba se encuentran ideas que, aunque se quedan lejos de lo que sería una política fiscal verdaderamente de izquierdas, pueden resultar interesantes. El problema, es que, muy probablemente, muchas de ellas sean sólo un cúmulo de buenos propósitos que con el tiempo quedarán en el olvido.
Una de las propuestas más interesantes que encontramos en la propuesta fiscal de Rubalcaba es la intención de “Modificar la regulación de las sicav y permitir que sean controladas por la Agencia Tributaria”.
Las Sicav (Sociedades de inversión de capital variable) son uno de los instrumentos de fraude fiscal y de trasvase de rentas más vergonzoso de nuestro sistema tributario, ya que mientras el contribuyente medio, es decir el trabajador asalariado que recibe una nómina, tributa entre el 15% y el 20% a través del impuesto sobre la renta, los ricos y los muy muy ricos se sirven de este instrumento para que su capital tribute a la ‘generosa’ tasa del 1%.
Rubalcaba anuncia ahora, aunque tímidamente, querer ‘hincarle el diente’ a las Sicav para que contribuyan como les corresponde a la justicia fiscal, sin embargo, y, de nuevo en este caso, la hemeroteca es una pesada losa sobre el futuro del Rubalcaba y el PSOE.
Fue en febrero de 2010 cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero anunció su plan antifraude, aún no se había producido la claudicación de mayo, pero el Gobierno del PSOE diseñó un plan que cargaba toda la presión fiscal sobre el pequeño contribuyente mientras las grandes fortunas y su instrumento preferido, las Sicav, quedaban indemnes.
Unos meses más tarde, y ante la creciente movilización contra la estafa fiscal y el desiquilibrio a la hora de pagar la fiesta del capital, el Gobierno de Rodríguez Zapatero decidió tocar un poco las Sicav, penalizando a sus inversores si sacaban dinero del país sin tributar, eso sí, de tocar el 1% de tributación, nada de nada.
Lo realmente rompedor y síntoma de una política de izquierda sería prohibir las Sicav o gravarlas a un 90%, pero ya sabemos que el social-liberalismo español no se atreverá nunca a proponer semejantes medidas, ya que supondría enemistarse con la burguesía a la que tanto deben desde hace tantos años.
Por eso, una vez más, las intenciones de Rubalcaba serán como los buenos propósitos de año nuevo, que una vez pasadas las fechas señaladas (en este caso, la campaña electoral), se perderán como lágrimas en la lluvia, como la izquierda en el PSOE.




