Mundo Obrero: ¿Cuál es la situación política en Aragón?
Jorge Sanz: La situación política aragonesa, igual que la del resto del Estado, está caracterizada por el alto desempleo, la pérdida de derechos sociales y laborales, el aumento de la represión y el autoritarismo por parte del gobierno y el saqueo de los servicios sociales. Si bien la tasa de paro, de casi un 21%, se se sitúa un poco por debajo de la media estatal, Aragón ha sido una de las comunidades autónomas en las que más ha aumentado últimamente.
Una de las características del territorio aragonés es la despoblación rural y la gran concentración poblacional en las capitales, destacando la ciudad de Zaragoza en la que viven casi 700.000 personas de un total de 1.300.000 habitantes en todo Aragón. Gran parte de la juventud que vive en el medio rural se encuentra con que no tiene manera de subsistir en sus pueblos y se ve obligada a abandonarlos. Esto genera un medio rural muy aislado, problema al que se une el predominio en el sector primario de grandes explotaciones agrícolas en detrimento de núcleos productivos locales o familiares, siendo además Aragón el territorio con mayor producción de cultivos transgénicos de Europa.
La clase dominante en Aragón se encuentra principalmente en el capital inmobiliario y financiero y en menor medida el industrial, siempre apoyados y beneficiados por el anterior gobierno del PSOE y el actual del PP, que en ambos casos contaron con el PAR, partido caciquil por excelencia, como socio de gobierno. Y es que, como siempre, los partidos del régimen han llevado una misma línea política, aunque sí es verdad que desde la llegada del PP de Luisa Fernanda Rudi se están recortando derechos y prestaciones como nunca antes. La oposición a las políticas de la patronal y gobierno han sido intensas y apoyadas por gran parte de la sociedad aragonesa, como se demuestra en los conflictos en empresas como AUZSA, Tudor, La Bella Easo, TATA, FCC, el Corte Inglés, la limpieza en hospitales, etc., y en movilizaciones en defensa de los servicios públicos como la del CEM Pablo Remacha y el movimiento estudiantil contra la LOMCE.
Los recortes y demás ataques contra los derechos de la clase trabajadora corren en paralelo con el aumento de la represión, que se observa claramente en el aumento de sanciones administrativas y detenciones a activistas sociales, el incremento de la presencia policial por nuestras ciudades y la brutalidad de ésta al reprimir manifestaciones y concentraciones. Sirvan como ejemplos la entrada de antidisturbios en los campus universitarios de Huesca y Zaragoza, en el que detuvieron a un camarada sin ningún motivo, o las desproporcionadas cargas en las manifestaciones en apoyo a la lucha de Gamonal, que se saldaron con 13 detenidos.
Es también preocupante ver cómo ha aumentado la presencia de organizaciones fascistas en nuestras calles, y no hay que olvidar que hace escasamente diez años Zaragoza era una de las cunas de los movimientos neonazis españoles. Los fascistas de hoy no suelen llevar la cabeza rapada ni la indumentaria típica y presentan un discurso ambiguo y tendencioso que, sin embargo, puede calar fácilmente en gente desesperada y con miedo de que su situación empeore todavía más. Por esta razón los y las comunistas tenemos que seguir combatiendo al fascismo como siempre hemos hecho y no olvidar que el capitalismo se servirá del fascismo si lo ve necesario.
M.O.: ¿Piensas que la gente está saliendo lo suficiente a la calle?
J.S.: Hemos dicho en varias ocasiones que estamos en un momento bajo o de reflujo del ciclo de movilizaciones. La verdad es que el número de convocatorias sigue siendo importante, pero en su mayoría no están siendo tan multitudinarias como lo eran hasta hace poco. Llevamos más de cinco años de crisis y hay gente que empieza a estar cansada de que la situación general no cambie o, peor aún, que empieza a resignarse y aceptar la miseria creyendo que nada va a cambiar. Sin embargo, sí estamos teniendo ejemplos de luchas concretas que están dando sus frutos, como las diversas huelgas que están plantando cara a las patronales y obligándolas a rectificar y el ejemplo reciente del barrio burgalés de Gamonal, ejemplos que tienen que servir para que la gente se dé cuenta de que sí se puede y de que hay alternativas a la sangría social que nos están imponiendo.
En muchas ocasiones lo que falta es organización, y es ahí donde los y las comunistas debemos incidir. Tenemos que convencer a los compañeros y compañeras de lucha de que no basta solo con protestar, sino que hay que organizarse en torno a un proyecto político revolucionario, anticapitalista y radicalmente democrático que lleve a la clase trabajadora a arrancar el poder de manos de la minoría que actualmente lo detenta. Claro que ésta no es una tarea fácil ni rápida, y para conseguirla tenemos que ser los y las primeras en participar de manera activa en las diferentes luchas y ser referentes en nuestros lugares de trabajo y de estudio. Solo si la mayoría nos ve como modelo a seguir nuestras propuestas serán hegemónicas.
M.O.: Con una tasa tan alta de paro juvenil, ¿qué salida tenemos los jóvenes ante una situación así?
J.S.: Gran parte de la juventud está intentando mejorar su situación buscando salidas individuales, aumentando su formación o aceptando trabajos precarios, temporales y con salarios miserables. Por otro lado, hay muchas y muchos jóvenes que deciden emigrar a países en los que pueden tener alguna oportunidad de salir adelante.
Pero hay que romper con el individualismo imperante y convencer a la gente de que para problemas colectivos hay que utilizar soluciones colectivas, por lo que la mejor opción que tiene la juventud es luchar. La mitad de la juventud no encuentra empleo y la mayoría de quienes sí trabajan tienen trabajos temporales con salarios muy bajos, y no parece que esta situación vaya a cambiar si no somos nosotras y nosotros quienes la cambiamos. Como hemos repetido en muchas ocasiones, la lucha es el único camino.
Por otro lado, tenemos también que confrontar también con los discursos que trivializan sobre el exilio juvenil e incluso intentan convencernos de que es bueno, y contra aquellos que inventan análisis y conceptos, como el de la generación “nini”, cuyo único objetivo es culpabilizar a la propia juventud de su precaria situación.
M.O.: ¿Cuál debe ser el papel de la juventud en el Partido?
J.S.: La Juventud Comunista tiene que ser la escuela de cuadros del Partido, teniendo capacidad de organización, análisis e intervención propia. Es por eso que la UJCE se define como autónoma en lo político e independiente en lo organizativo respecto al PCE. Las personas que militamos en la Juventud Comunista tenemos claro que nuestro futuro está en el Partido Comunista y nos formamos para ello tanto en la teoría como en la práctica política. Partido y juventud deben relacionarse de igual a igual, y es esencial que la comunicación sea respetuosa y constante y la intervención en los frentes de masas, en los movimientos sociales, cohesionada y coordinada.
La Juventud Comunista debemos trasladar al partido nuestros análisis y nuestras propuestas y colaborar en la tarea de construcción del partido de la clase trabajadora.
Últimamente estamos viendo como cada vez hay más antiguos militantes de la UJCE que ocupan cargos de responsabilidad en el PCE y sus federaciones, lo que demuestra la validez y preparación de muchos cuadros formados en la Juventud Comunista. Esto lleva sucediendo desde hace ya varios años en Aragón, donde las relaciones entre partido y juventud son francamente buenas gracias a la voluntad y esfuerzo de muchos y muchas camaradas.




