
Camino ácido
Angel Stanich
Después de meses devorando el tema de adelanto, “Metralleta Joe”, ya se ha publicado el disco al completo. Con ustedes, Ángel Stanich y su “Camino ácido”, una obra de esas que rasca. Los rasguños que produce su escucha impregnan los sentidos con una sustancia adictiva. Son canciones canallas, entre el desparpajo brutal y el surrealismo. El mismo Ángel Stanich alimenta el misterio con su aspecto bohemio, escurridiza presencia y huidiza mirada. De él se conocen pocos datos: nacido en Santander, estudia en Valladolid y allí se curte tocando en garitos hasta que conoce al cantante de Arizona Baby, Javier Vielba, quien se encarga de la producción de su cancionero. Huye de las entrevistas, por lo que todo lo que encontrarás en internet serán impresiones, sugerencias, semejanzas y sensaciones.
Leerás que recuerda a Albert Plá o al Dylan más reservado, a Santiago Auserón (Radio Futura), a Burning, a Kiko Veneno, a Quique González, a Coque Malla en los inicios de Los Ronaldos. Más allá de todas estas comparativas, Ángel Stanich se manifiesta como un excelente letrista, un tejedor de historias lisérgicas, mundos oníricos, secuencias cinematográficas y de cómics, narrador de vivencias nocturnas y entrecruzadas. En su modo de cantar no tengo ninguna duda de a quién conduce su tesitura vocal y sus inflexiones: Albert Plá. Músicos ambos que tienen mucho en común: la voz rasgada, susurrante, arrastrada, ajena a cualquiera de los cánones vocales. Luego, ese universo propio en sus letras, directas, sutiles, ácidas, de metáforas sublimes y giros del mejor guionista, donde no vendría nada mal un buen número de notas a pie de página que nos despejasen la maraña de versos y su significado. Y tercero: su aspecto de persona descuidada en su vestimenta, pelo negro enmarañado y barba hirsuta.
Otra peculiaridad de este disco es que se ha grabado con la participación de pocos músicos tocando todos juntos durante 3 días en Casasola de Arión, Valladolid, en junio de 2011. Las melodías y sus atractivos punteos de guitarra llevan la marca de Javier Vielba: aires fronterizos de las desérticas tierras sureñas de Estados Unidos y norte de México.
Ha transcurrido más de año y medio hasta ser publicado, tiempo en el que se ha ido alimentando el interés por este cantautor que deambula ahora por Madrid, con una agenda surtida de conciertos con sólo una canción de adelanto y unas maquetas de las canciones. Afortunadamente, el interés de la prensa musical y la agenda de citas en directo no permitirán que trabajos atrevidos como éste caigan en la más absoluta ignorancia.
Y es que, con la primera escucha de ‘Camino Ácido’, me vinieron a la memoria otros discos de parecida factura que corrieron una suerte distinta y que, al igual que éste, fueron como un puñetazo en pleno rostro. Uno se publicó en 1977, por un grupo llamado Veneno, liderado por Kiko Veneno y con la participación de los hermanos Amador (Raimundo y Rafael, después Pata Negra). Apenas vendió unas decenas de ejemplares, el grupo se disolvió y, sin embargo, hoy está considerado como la piedra angular de toda la corriente actual de la rumba canallesca (Muchachito, Los Delinqüentes, Estopa, etc.). El otro, es el primer trabajo en castellano del catalán Albert Plá, titulado ‘No sólo de rumba vive el hombre’, de 1992. Y añadiría otros dos, que a diferencia de los mencionados sí son hoy reivindicados como obras maestras: “La leyenda del tiempo”, de Camarón de la Isla; y ‘Omega’, de Enrique Morente.




