
Antología desordenada
Joan Manuel Serrat
Serrat cumplirá el próximo 27 de diciembre 71 años. La ocasión viene precedida de la publicación de un recopilatorio de 50 canciones seleccionadas por el propio músico bajo la denominación de ‘Antología desordenada’, que, a su vez, coincide con los 50 años de Joan Manuel Serrat en la música que se cumplirán el próximo 18 de febrero. Esta vez es él el que elige con quién quiere compartir parte de su repertorio. Sólo 11 canciones no han sido grabadas para el disco, sino que forman parte de registros anteriores. En el resto, cada artista pasó por el estudio a lo largo de cuatro meses. Todo un privilegio el ser escogido por el más grande de los músicos españoles para cantar a dúo uno de sus inolvidables temas. Algunos de ellos son evidentes, pero otros sorprenden y de qué manera. Caso de Andreu Buenafuente, Dani Martín o Les Luthiers. Nunca le faltó a Serrat atrevimiento y así lo ha demostrado en varios episodios a lo largo de su dilatada carrera.
A estas alturas, lo que toca es que cada cual haga repaso de cómo le ha marcado el cancionero del catalán. Porque todos y cada uno de nosotros llevamos un trozo de Serrat pegado a nuestra piel. Sólo basta repasar la lista de las mejores canciones en español desde la irrupción del pop en los sesenta para darse cuenta de que el tema ‘Mediterráneo’ figura en el primer o segundo puesto. Y eso es lo que voy a hacer este mes: describirles hasta dónde me ha calado la figura de Serrat.
Como a tantos otros, el disco que me marcó fue ‘Mediterráneo’, editado en 1971. Lo escuchaba sin descanso; aprendí cada verso, cada giro de voz, la textura de sus historias, hice mío al ‘Tío Alberto’, a ‘Lucía’. Idealicé el amor con ‘La mujer que yo quiero’; sentía el pálpito de las gentes de ‘Pueblo blanco’. Supe de la importancia de ‘Aquellas pequeñas cosas’ o que la vida cobra sentido al ‘Vagabundear’, a sabiendas de que somos tan frágiles como ese ‘Barquito de papel’ y que los sentimientos son tan esquivos como el adiós de papel de ‘Qué va a ser de ti’.
Luego llegaron los poetas. Para las personas como yo, poco dadas a leer poesía, Serrat ha sido la puerta de entrada a Antonio Machado y esos imprescindibles versos de ‘Cantares’. Cómo no a Miguel Hernández, donde no importa las veces que oiga las ‘Nanas de la cebolla’, que cada vez que la escucho de nuevo se me encoge en corazón. Y también a Rafael Alberti con ‘La paloma’. Después he escuchado temas de tal o cual disco, sobre todo a través de antologías varias, hasta que en 1998 cayó en mis manos ‘Sombras de la china’. Otra vez me enamoré de su poesía, de su voz, de sus melodías, de sus narraciones, de sus metáforas. Un disco excepcional, enorme, donde ‘Los macarras de la moral’ siguen hoy haciendo de las suyas en este país de ladrones de cuello blanco exhibiendo tarjetas negras. También figura un poema maravilloso de Luis Cernuda, ‘Más que nadie’. Y esa paradoja de la vida que es ‘Princesa’, tan de actualidad también hoy por desgracia.
Después está la figura de Joan Manuel Serrat en directo. Un deleite. Sencillo en la puesta en escena; considerado en la presentación de los temas; orfebre de la palabra. Es un trovador, un entretenedor, un contador de historias que te envuelven hasta hacerlas propias. Su voz ha ido perdiendo fuelle con los años, como le sucede a su otro yo en lengua inglesa, Leonard Cohen. Recitan más que cantan; los estribillos donde hay que subir octavas los cubre con música, su presencia y su mirada. Eso es suficiente. Siempre salgo de sus recitales con la sensación de reencontrarme con la música y la palabra hermanadas. E, igualmente, siempre hay algún idiota que le silba y le afea que cante en catalán, cuestión de la que él es consciente y respetuoso con el público. Nunca se queja; al contrario, previo al inicio de la canción, traduce al castellano el mensaje de la letra en catalán.
Joan Manuel Serrat estrena disco y sale de gira. Fantástica excusa para desempolvar viejos discos de vinilo y acudir a uno de sus conciertos en cuanto pase cerca de casa.




