Es normal que cuando un músico alcanza un estatus de reconocimiento muy amplio quiera, con el paso de los años, grabar composiciones de otros autores. En este caso, no les mueve el afán de ganar tiempo antes de un próximo disco con temas propios; tampoco ganar más prestigio o aumentar sus ingresos. Es más bien una necesidad. Es una forma de ensalzar a quienes han influido en su cultura musical; incluso, una puesta en claro de qué canciones les han conmovido. Luego, si esas versiones están hechas con humildad, demuestra gratitud y, para sus seguidores, la oportunidad de conocer algo más de ellos y descubrir compositores y títulos que pasan ya a formar parte de nuestro repertorio.

En estos últimos meses se han juntado varios lanzamientos de esta índole. El más destacado es ‘Shadows in the night’, donde Bob Dylan reúne diez canciones melódicas que grabara el crooner por excelencia estadounidense, Frank Sinatra. No alardea de imitar, bajo ningún modo, la voz de Sinatra o su estilo. Dylan es fiel a su escaso hilo de voz con la que susurra más que canta melodías y letras que a él le identifican. A mí, la escucha de estas versiones, no me dice nada. Pero eso es otro cantar.

Otro caso es el de Diana Krall y su nueva entrega, ‘Wallflower’. Esta pianista lleva detrás de cada uno de sus discos una campaña de promoción de muchas cifras y es descarado el tufillo a caja registradora. Su estilo meloso se ha querido vender como jazzístico, cuando no tiene nada salvo que canta con la parsimonia del género. La compañía discográfica lleva años publicitando sus discos en base a dos elementos: lo pegadizo de las canciones escogidas y que la señora Krall enseñe sus piernas. Para ‘Wallflower’ el repertorio no ofrece lugar a dudas: piezas que son ya clásicos del pop y rock. Por tanto, riesgo cero. Segundo, arreglarlas acorde a sus sedosa voz. Claro que el disco suena bonito; sólo faltaría que teniendo la mejor materia prima y los mejores operarios el resultado fuera mediocre. Hacer versiones es otra cosa.

En la antítesis está el grupo español pop-rock al estilo estadounidense por antonomasia: Los Secretos, autores de grandes canciones originales que han pasado a ser parte de la memoria colectiva. Su nuevo disco se titula ‘Algo prestado’, pasando al castellano temas de Jackson Brown, Supertramp, Nick Lowe, Del Shannon, Graham Parker, Ry Cooder, Gram Parsons, Foreigners. Siguen haciendolo muy bien; siguen tocando y cantando con un gusto refinado; siguen sorprendiéndonos. El alma mater es Alvaro Urquijo: “Hemos elegido canciones que forman parte de nuestra vida, de nuestra música, y las hemos adaptado a nuestro estilo”. Eso es lo que les hace grandes: su estilo, sin más pretensiones. Enhorabuena y que se mantengan un montón de años más.

Podría recordar también aquí el disco que protagonizó la columna del mes pasado. Robin Trower, ese guitarrista de blues inglés, grabó ‘Roots and Branches’ con el mimo y cuidado requeridos. Otro disco grande gracias a la finura y elegancia de las versiones abordadas.

Termino con un disco que no es nuevo, pero cuyo autor sí es noticia. Tras más de diez años sin grabar canciones nuevas, el músico folk James Taylor se descubre hace unos días con ‘Before this world’. Es la vuelta a la creatividad de uno de los más prolíficos autores norteamericanos, muy querido en nuestro país. Ahora bien, si J. Taylor viene a esta columna es porque en 2008 editó un extraordinario recopilatorio de versiones bajo el simple nombre de ‘Covers’. Es el ejemplo de la idea sintetizada arriba: gratitud a quienes te han marcado como músico desde la humildad. Por eso, la portada de este mes le corresponde a él.

Descubre más desde Mundo Obrero

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo