Desde que ganó Syriza las elecciones griegas el 25 de enero de este año con el 36% de los votos, todo el esfuerzo de la Troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo), en realidad de los poderes fácticos europeos, desde Angela Merkel hasta la banca europea pasando por la gran prensa y medios de comunicación, ha sido desprestigiar y yugular la alternativa presentada por el gobierno griego. Una alternativa para hacer frente a su deuda, un 140% del PIB, pero reactivando la economía y creando empleo. La Troika quiere evitar que los pueblos de otros países con dificultades parecidas (España con una deuda del 99%, Portugal del 130%, Irlanda un 109%, Italia un 132% e incluso Francia, un 95%) y que van a tener elecciones, cuestionen las políticas de recortes y austeridad y se sumen a la alternativa lanzada por Syriza, la reivindiquen y adopten, y con ello hagan realidad el lema de “Otra Europa es Posible”, la Europa de la solidaridad. Es decir, es más una cuestión política para la Troika, crear un cortafuegos y aislar a Grecia, que una cuestión económica, pues Japón por ejemplo funciona con una deuda pública del 240% de su PIB.

Si uno se adentra en las dimensiones financieras del problema resulta que desde que se aplican las políticas de recorte y austeridad en la UE, las cosas han ido de mal en peor para todos, pasando en la eurozona de una deuda del 66% del PIB en 2002 a otra del 95% en 2014. No hablemos de las otras consecuencias de estos recortes y austeridad: el incremento del paro, de la precariedad, de la pobreza, de la desigualdad, la disminución de las prestaciones sociales, etc. Es decir, no hay razones económicas de fondo para rechazar la propuesta griega sino todo lo contrario. Es la única alternativa viable, no sólo para Grecia sino para toda la UE. Claro que en medio se ha presentado el acuerdo TTIP (de Comercio e Inversiones) con Estados Unidos que abunda y empeora el panorama social, económico y sindical para toda Europa al pretender la eliminación de toda consideración que obstaculice la obtención de pingües beneficios al capital invertido.

La alternativa griega para hacer frente a su crisis estipulaba, en su programa electoral, las siguientes condiciones: 1) llevar a cabo una auditoria de la deuda, 2) suspensión temporal de los pagos de la misma para permitir una recuperación, y conseguir una quita parcial, 3) aumento de impuestos a rentas superiores a 500.000 euros (hasta un 75%), 4) subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) hasta unos 750 euros/mes y así permitir un desahogo en la clase obrera, con una recuperación de la negociación colectiva, 5) aumento de las coberturas de la sanidad pública, 6) eliminación de privilegios a la iglesia y a los armadores de barcos (tipo Onassis), 7) financiación directa del BCE a los Estados y a los programas públicos para evitar el lucro y abuso de la banca privada como intermediaria, 8) un impuesto para los artículos de lujo y otro para las transacciones financieras, 9) nacionalización de la banca y empresas relevantes y, 10) aumento de las prestaciones por desempleo, pensiones, cobertura social para parados con hipoteca, etc.

En el Foro Europeo de Izquierdas por las Alternativas, celebrado en París los días 29 y 30 de mayo con la presencia de la presidenta del Congreso griego, Zoe Constantopoulos, y con la asistencia de varios miles de personas venidas de toda la Unión Europea, además de Pierre Laurent, Presidente del Partido de la Izquierda Europea (PIE), Maite Mola, vicepresidenta, y otros que no pudieron acudir y enviaron un saludo, como fue el caso de Bernadette Segol, Secretaria General de la Confederación Europea de Sindicatos, el Secretario General de Syriza, Tassos Koronakis y Alberto Garzón, entre otros. Una cosa quedó clara, el primer país europeo que se ha enfrentado con éxito a la austeridad y a la Troika ha sido Grecia, con un programa similar al que el PIE elaboró en su IV Congreso en Madrid en diciembre de 2013. Por ello no podemos dejar solo al pueblo griego. El segundo país ha de ser España, en noviembre, en las elecciones generales con una dinámica política y social de unidad popular como la que ha permitido las victorias recientes de Madrid, Barcelona y tantos otros sitios. Esta dinámica puede poner en marcha un efecto dominó y extenderse y así convencer a los trabajadores y capas sociales afectadas del resto de Europa que ha llegado la hora de los pueblos. Que sí hay alternativa en contra de lo que pregonaba la líder del neoliberalismo, Margaret Thatcher con su TINA (There Is No Alternative). La alternativa de la solidaridad.

Pero eso supone hacer política con mayúsculas. Pues en el caso español resulta evidente que un partido sólo, como Podemos, por muy buenos resultados obtenidos, con un 14% o un poco más “no se puede”. Se sigue de actor secundario, muy digno, pero secundario. Sin embargo las experiencias de unidad popular aludidas, en las que entran desde Podemos, Equo, Izquierda Unida, organizaciones sociales, movimientos y gran número de independientes, se sobrepasa el 30%, y con ello “sí se puede” protagonizar el cambio del país e iniciar el cambio en Europa. Se hace política con mayúsculas.

Precisamente la semana transcurrida entre el 20 y el 26 de junio ha sido de solidaridad de las fuerzas sociales y políticas europeas con el pueblo griego justo cuando se daba la negociación entre las “autoridades” de la UE y el gobierno griego. La Troika intentando por todos los medios humillar y arrinconar al gobierno griego y las fuerzas de progreso europeas mostrando la irracionalidad de tal pretensión. Y señalando que la solidaridad con el pueblo griego es también una lucha por nuestra dignidad, por demostrar que otra Europa es posible.

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