Confieso que me he reunido. Varias veces, padre. Incluso en Francia, que ya tienen una Asociación Nacional de Comunistas. Como si fuera un libre-pensador. O quisiera sentirme re-unido más allá de mi barrio y de mi agrupación. O como homenaje a mi propia memoria histórica (r). Por re-nacer o por re-spirar.

Y no será porque no haya, en la agenda madrileña, tantas re-uniones como desencuentros. Ahora nos encontramos en una fase en la que de tanto estar re-unidos apenas se nos ve en la calle. Nos pasa como al anciano que no había podido ir al Centro de Salud “porque se encontraba malo”.

Mientras Varoufakis venía a Madrid y re-descubría el Mediterráneo proponiendo el Plan B, lo que no está nada mal teniendo en cuenta que el Mare Nostrum parece menos nuestro que nunca, mientras nos re-descubría el internacionalismo proletario, con otro nombre, yo, mucho más modestamente, mediante cita previa en locales con sabor “alternativo”, me re-encontraba con camaradas de todas las re-cámaras en las que se re-parte la militancia comunista. Más que nada por la re-composición y re-valoración del anhelo, la necesidad y la oportunidad de unidad. Para re-unirse hay que re-encontrarse y para todo ello hay que re-conocerse.

Mientras Varoufakis daba a entender que los pueblos de Europa debían organizarse internacionalmente contra la dictadura del capital internacional representada por la troika, acumulando fuerzas para enfrentar su poder desde abajo, desde los pueblos, mis camaradas de re-unión trataban de encontrar el re-impulso del ideario comunista como explicación de lo que pasa y como instrumento político para re-formular la alternativa hacia lo que queremos que pase. Todo un re-paso.

La re-unión fue re-petitiva. Queremos re-ponernos en nuestro sitio, re-ordenar nuestro pensamiento, palabra y obra. Re-organizar, re-ideologizar nuestras huestes, re-forzar el anticapitalismo de nuestro programa político frente a tanta socialdemocracia, neo-keynesianismo … y el imperialismo que todo lo pudre y machaca, como decía, cargado de razón y re-cargado de sobreactuación dramática, uno de los camaradas intervinientes.

¡Vaya que si nos re-conocimos! Re-pasábamos todos los temas con ese afán de re-aquilatar la esencia de nuestro mensaje político. Un titánico re-ajuste de conceptos, de estrategias que, para ser re-habilitadoras, necesitan re-formularse desde una re-flexión autocrítica sobre los errores cometidos, sobre las debilidades organizacionales, de formación política de los cuadros, de capacidad de comunicación, de coherencia entre teoría y práctica, de alejamiento entre el razonamiento científico y la emotiva opinión fabricada (por el imperialismo) y distribuida para el consumo de masas.

Y andábamos en esos vericuetos cuando alguien, cargado de razón y re-cargado de (oportuno) oficio teatral, soltó la frase: “El problema es cómo abordamos el problema”. Enseguida me vino a la memoria otra célebre frase de un camarada socrático (malgré lui), autodidacta lector empedernido que traducía “Hegel” por “Ejel”, y que parafraseaba con toda naturalidad al filósofo griego (no, no hablo de Varoufakis) en los siguientes términos: “¡Hostias! ¡Qué brutos hemos sido!”.

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