Esta es la pregunta que nos hacemos mi compañera, Zehra Do?an y yo, todas las semanas. Los dos somos periodistas, que trabajamos en diferentes medios de comunicación independientes: yo trabajo para el diario BirGün (Un Día), que está relacionado con el Partido de la Libertad y la Solidaridad, partido hermano de IU y del PCE en el Partido de la Izquierda Europea, mientras que ella trabaja para JINHA, la única agencia de noticias de Turquía compuesta solamente por mujeres, que es parte del movimiento kurdo.

La pregunta era una broma con la que nos reíamos al principio, pero después se tornó en algo más cercano a la realidad, en la medida en que el gobierno comenzó a detener a periodistas de mi diario y de su agencia con acusaciones tales como «propaganda terrorista» o «pertenencia a organización terrorista». Las apuestas estaban sobre mí, al principio, porque en el último semestre del año pasado fui objeto de dos procesamientos con acusaciones en los que se me pedían hasta siete años y medio de cárcel en total, por ‘insultar’ al primer ministro y al presidente. ¿Cuáles fueron estos insultos? El primer caso se debió al reportaje que realicé cuando caí en la cuenta que Google completa automáticamente las búsquedas de «h?rs?z katil» (que significa «ladrón y asesino» en turco) con ¡Erdogan! Se trataba de una breve información, describiendo la situación, pero consiguió obtener la atención de los medios de comunicación porque es llamativo. Imagínese que usted escribiese «ladrón asesino» y que Google lo completase automáticamente con ¡Felipe! El segundo procesamiento se produjo después de la entrevista que le hice al intelectual y activista británico Tariq Ali porque describió al primer ministro Davuto?lu, como «un bufón».

Esto es lo que supone ser periodista hoy en Turquía. Tengo un documento impreso y pegado en el lado interior de la puerta de mi casa, con mis derechos durante un registro, porque nunca se sabe cuándo la policía asaltará tu casa si eres periodista. Pero si usted es un propagandista que está trabajando como «periodista» en un periódico pro-gubernamental, entonces puede estar seguro de que estará a salvo, junto con su brillante cuenta corriente.

Recientes índices sobre la libertad de prensa en el mundo muestran la gravedad del caso: el año pasado Turquía fue el tercer país del mundo donde más disminuyó la libertad de prensa, según el informe Freedom House 2016, publicado el pasado mes de abril. Nuestro país figura en el ranking con el número 156 en el mundo y a efectos de comparación se puede señalar que España figura en el puesto 51. También Reporteros sin Fronteras publicó su informe anual en el mismo mes, donde Turquía figura en el puesto 151 entre 180 países.

La pregunta que nos hacíamos para reírnos se ha convertido en la pregunta que nos hacemos estos días para preocuparnos y temo que la respuesta será Zehra. Ella es uno de los pocos periodistas que queda en Nusaybin, la ciudad que se encuentra bajo toque de queda ininterrumpido (no se permite salir de casa ni un minuto) y que desde el 13 de marzo está siendo bombardeada por el ejército turco. El resto de los periodistas fueron detenidos mediante allanamientos de sus propias casas, acusados de «terrorismo». Zehra tiene suerte porque se aloja en la misma casa que un parlamentario miembro del partido pro kurdo HDP y que el alcalde de ese distrito de la ciudad, por lo que su casa no ha sido asaltada -al menos todavía. Ella también ha tenido suerte porque se las ha arreglado para sobrevivir a las muchas veces que las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra su casa.

La vida como periodista en Turquía es difícil en estos días, pero vivir como un ciudadano de a pie no es tampoco fácil -especialmente si usted está viviendo en el Kurdistán. La guerra que comenzó Erdogan contra los kurdos es mayor cada mes. En los últimos 8 meses, 22 localidades quedaron bajo toque de queda ininterrumpido en 63 ocasiones diferentes, que duran desde días hasta largos meses. 310 civiles, entre ellos 72 niños, 62 mujeres y 29 personas de edad avanzada murieron durante los toques de queda, como consecuencia de los enfrentamientos entre el ejército turco atacante y las fuerzas de defensa del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). 180 personas murieron dentro de sus casas a causa de las explosiones o de los ataques de los tanques contra su edificio. De acuerdo con la Fundación para los Derechos Humanos de Turquía, los enfrentamientos afectaron a los derechos fundamentales de 1.622.000 ciudadanos y ciudadanas que viven en esas 22 localidades.

No sé si ha oído hablar de esto antes, ya que los países de la UE y sus medios de comunicación empezaron a cerrar los ojos ante los dramáticos acontecimientos que tienen lugar en Turquía después de la firma del tratado sobre los refugiados con Turquía. Es una broma que un gobierno que no protege (e incluso ataca) a su propia ciudadanía afirme que va a proteger a los refugiados y refugiadas que los países de la UE envían de vuelta porque, por desgracia, al igual que en muchos otros países, los refugiados en Turquía están en peores condiciones que los ciudadanos turcos.

Pero no culpo a nadie que viva en el otro extremo de nuestro continente por no saber acerca de estas atrocidades porque incluso la gente de Turquía ¡no sabe nada acerca de las mismas! ¿La razón? Casi la totalidad de los medios de comunicación ha pasado a estar bajo el control directo o indirecto del gobierno. La mayoría de los periódicos están siendo comprados por los empresarios partidarios del gobierno, con los créditos concedidos por los bancos estatales y estos periódicos no pueden criticar al gobierno ni siquiera tibiamente. Por ejemplo, dos semanas después de que yo entrevistara a un columnista de un periódico pro-gubernamental el año pasado, que criticó al gobierno en nuestra entrevista, por «no ser lo suficientemente conservador», ¡éste fue despedido de su periódico! La situación es similar en los canales de televisión ya que los canales de televisión de la oposición se retiran por la fuerza, de las plataformas privadas y de las redes de satélites, por lo que sólo se puede ver en canales de Internet. Debido a esta situación, la mayor parte del país desconoce la gravedad de la destrucción que está teniendo lugar en el Kurdistán. Esta es la forma en que el gobierno es capaz de lograr que haya un consentimiento a pesar de todos estos crímenes.

Las partes occidentales del país no son tampoco seguras. Ha habido muchos atentados suicidas y ataques armados en la capital Ankara y en Estambul, reivindicados por el Estado islámico y por los Halcones para la Libertad del Kurdistán, dejando cientos de muertos. Además del derecho a la vida, muchos otros derechos y libertades están limitados en el país, especialmente la libertad de expresión. Incluso por las expresiones más básicas y pacíficas, como firmar una petición de paz, te pueden enviar a la cárcel por «propaganda terrorista». Esto es lo que ocurrió con algunos de los 2.000 profesores que firmaron una petición pidiendo que el gobierno detuviese las operaciones militares y que iniciase negociaciones con el PKK. ¡Fueron encarcelados, no por lo que habían dicho, sino por lo que no habían dicho! Los fiscales les acusaron diciendo «Ustedes han criticado al gobierno, pero no han criticado al PKK en su petición». Este caso me hace recordar la famosa frase de Roland Barthes: «El fascismo no es impedir que hablemos sino obligarnos a hacerlo». Incluso bajo la junta militar durante la década de 1980, los intelectuales no fueron encarcelados por sus peticiones masivas.

Al igual que España, el parlamento turco aprobó una ley mordaza el año pasado, lo que limita las libertades de la ciudadanía al tiempo que aumenta la autoridad de las fuerzas de seguridad. Hemos hecho enormes protestas en contra de ella y Maite Mola, nuestro compañera del PCE y vicepresidenta del Partido de la Izquierda Europea asistió a la manifestación en solidaridad con nosotros. Al final, no pudimos revocar el proyecto de ley debido a que el parlamento está dominado por el partido del gobierno, el AKP, y sus parlamentarios no son capaces de actuar libremente frente a Erdogan –pero además, Maite Mola fue procesada por el mismo delito que yo: «Insultar al presidente». Y hoy, sentimos el efecto de la ley mordaza más que nunca.

Turquía debería ser un ejemplo para que los pueblos de España se den cuenta de los peligros de este tipo de leyes mordaza. Estas leyes pueden no aplicarse plenamente cuando el sistema no está en peligro, pero como Samir Amin señaló en su artículo en la revista Monthly Review, en tiempos de crisis, el capitalismo recurre a soluciones fascistas. Si no puede obligar a los políticos a cancelar dicha ley, usted puede verse haciéndose la misma pregunta: «¿A quién detendrán primero? ¿A ti o a mí?»

[Traducción: Jerónimo Hernández]

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