Si estas elecciones del 26J han dejado algo claro, es la evolución de dos bloques políticos antagónicos, como lo ha sido tradicionalmente, pero con distintos actores.

Tras los resultados, la prensa se ha volcado en realzar el batacazo de Unidos Podemos, que se ha convertido en uno de los polos políticos, después de una campaña electoral marcada por el ataque feroz de los tres líderes restantes: Rajoy, Sánchez y Ribera. Para esta línea discursiva, a la que se han sumado todos los grandes medios de comunicación, era mucho más peligroso un futuro gobierno de Unidos Podemos que otro del PP inmerso en decenas de casos de corrupción y, según algunos jueces, una organización para delinquir. Para ello ya se nos fue inculcando que España se convertiría en Venezuela de la noche a la mañana si gobernaba Iglesias.

Pero, como era lógico, el decepcionante resultado de Unidos Podemos con respecto a las encuestas previas no lo ha sido tanto como pretendían la prensa y los partidos continuistas. Aquellos dos partidos que respiraron el 26J al ver que no se hundían irremisiblemente, no calibraron que su campaña conjunta con el PP les había convertido en fuerzas políticas tan parecidas que muchos votantes han comprendido que no son alternativa de gobierno, sino continuismo. Por tanto, la existencia de dos bloques bien diferenciados, continuismo capitaneado por el PP y rupturismo encarnado por Unidos Podemos, deja a PSOE y C’s en un papel muy secundario.

Ciudadanos debe jugar al mismo tiempo a una oposición a la corrupción y a un apoyo a Mariano Rajoy, sobre el que pivota la organización corrupta del PP. Un juego de equilibristas sin red que ya le ha costado 8 escaños que no podrá recuperar a no ser que el PP cometa errores muy graves.

El caso del PSOE es, aún, más desalentador. Ahora tiene que jugar a ser oposición de Rajoy y el PP, cuando lleva 6 meses jugando a ser oposición a Unidos Podemos, único partido con el que podría haber confeccionado un gobierno de izquierdas. Ha jugado al mismo juego que el PP, a arrollar a los demás, a imponer, a rechazar a los diferentes (izquierda y nacionalistas) y se ha quedado solo. Mala papeleta porque sólo tiene dos amigos que no quieren aparentarlo. O mejor dicho, no quiere aparentarlo el PSOE, porque tanto Ciudadanos como PP ya han estado cortejándolo. Y es que si se opone a un gobierno de Rajoy ya no puede cargar el problema de la “ingobernabilidad” sobre las espaldas de Unidos Podemos. Y si lo apoya, aunque sea mediante abstención, va a tener que votar muchas veces a favor del PP, sus recortes y sus leyes a favor de los más favorecidos, lo que le va a suponer un declive innegable vía pérdida de militancia y votantes. Esto ya lo está haciendo en el parlamento europeo, donde PP y PSOE votan juntos el 75% de las veces (TTIP o tratado UE-Turquía, por ejemplo) como nos cuenta Eldiario.es de 4-3- 2016, pero disimulándolo (El Confidencial del 26-5- 2009: PSOE y PP ocultan en España su afinidad en Europa) .

El papel de Sánchez y Ribera de escuderos de Rajoy les va a pasar factura. Don Quijote, gran conocedor de las novelas de caballeros andantes nos diría: “no hay escudero que llegue a caballero” y es que vencer al caballero de la triste economía no está en manos de escudero alguno sino del caballero del tornasolado corazón.

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