No sé si perdonarle a Marta que no apreciara, que no quisiera o supiera degustar y paladear la copita de oloroso dulce y viejo que le ofrecí a ella y a los dos que le acompañábamos en el Hospital en el que trabajé hasta mi jubilación, edificio renacentista que fue Hospital de las Cinco Llagas y que desde 1992 alberga al Parlamento de Andalucía.
Pasando los dos por una de las amplias estancias nos cruzamos con el portavoz del PSOE en esa institución a quien dije:
Manolo ¿sabes quien es Marta Harnecker? Me responde sin pensarlo, al segundo:
Hombre, claro, faltaría más. Cuando yo estudiaba en…
Pues muy bien, Manolo, te presento a Marta Harnecker.
Se le pusieron los ojos como platos y saludó con devoción y cariño a quien había sido una referencia insoslayable para muchos miles de personas (por ser modesto) durante los últimos años del franquismo, sobre todo en las universidades y entre los obreros más conscientes.
Resulta, en situaciones como la descrita, que siempre sorprendía la aparente edad (misterio insondable) y el porte de quien para algunos –sin conocerla- me aseguraban que era coetánea de Rosa Luxemburgo. Recuerdo perfectamente cómo, en esos días, me aseguraba esto uno de los más conocidos líderes andaluces del sindicato clandestino de Comisiones Obreras (CCOO), uno de los diez que fueron detenidos y procesados en el famoso expediente 1001 del franquista y represor Tribunal de Orden Público, el odiado TOP. Simplemente invité a Eduardo para un día y una hora a participar en una conferencia, presentación del libro y debate que se celebrarían en Sevilla, una en el paraninfo de la sevillana Universidad Pablo Olavide, otra en el Aula de Grados de la Facultad de Económicas de la Universidad de Sevilla.
En realidad lo mismo les ocurrió a Paula y Javier, osados andaluces, que a finales del pasado siglo van a visitar en su casa de Marta en Cuba y creen que quien les abre la puerta es… la hija de aquella legendaria autora del tan usado libro “Conceptos…”
No sé si perdonarle a Marta la de horas y la de dolores de cabeza que nos propició, por lo menos a los más tontos como yo, con aquel compendio elemental de uno de los marxismos europeos de final de los sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado en España, al menos, cuando nos acompañó en los últimos cinco o seis años de franquismo. En algunos debates, no precisamente públicos o incipientemente tolerados, la referencia al texto de Marta Harnecker era una referencia obligada para aclarar análisis o para… hacerse con la hegemonía de la reunión si controlabas mejor la terminología, los conceptos y su precisa combinación.
Hay quienes le dedicaron menos horas a un libro que a veces sólo se usaba como diccionario de términos útiles para explicar la realidad económica, social y política, así como para estimular su trabajo de transformación. Para, por ejemplo, saber diferenciar estrategia y táctica, etc.
Cuando en el 2000 llega Marta a Granada para una conferencia, me es muy fácil lograr una vista muy especial a la Alhambra y Generalife. Para acceder a estos monumentos hay que sacar con semanas o meses de antelación el tique de entrada, puesto que varios miles de personas desean visitarlos y… no es posible aceptar cada día a unos muy tasados ocho mil y pico. ¿Cómo lograr un pase especial para que Marta olvide su afonía, las conferencias que lleva dadas y las que le quedan en días sucesivos?
Mateo, el responsable entonces de la entidad que gestiona tales monumentos, allanó todas las dificultades. Era evidente que lo veía no como un trato de favor, sino como un acto de justicia destinado a quien consideraba, con muchos miles más, una maestra para su generación, y a quien, al final de la visita, rogó que dejara unas frases y su firma en el libro de honor repleto de frases y firmas de quienes salen en las primeras págs. de los Medios de Difusión Masiva Interesada (MDMI).
No sé si perdonarle a Marta que haya obligado a que muchas personas consideren que igual con 20, con 40 o con 60 (o con más, incluso, como es el caso de François Houtart) es posible tener interés en adivinar por qué pasa lo que pasa que haya tantas injusticias y cómo hacer para que disminuyan tratando que desaparezcan. Que es posible conocer y cambiar las condiciones objetivas y las subjetivas. Que es posible y alienta difundir las buenas prácticas (como los presupuestos participativos) de unas localidades, de unos países y de unos continentes a otros. Que es posible siempre aumentar la capacidad crítica y que no decaiga mucho el ánimo para ser capaces de aprender de errores propios y ajenos. También de los aciertos. Que es posible construir otra nueva historia, desde la acción participada y no sectaria, Que no es lo mejor esperar cachazudamente que pase el cadáver del enemigo por la puerta de casa…
No sé si perdonarle a Marta que siempre haya sido una inquietante, inquieta y andariega mujer, que no para y que… ¿hasta cuándo he de continuar?
Bueno, me parece que voy a perdonarla porque puede que sea la forma de darle una sorpresa, quizás sí. Quizás no.
Pero no puedo perdonarme tener perdida la última edición, muy revisada, de un libro que escribió en otra época, siendo una chavala. Libro que sería continuado por otros muchos, por vídeos, por folletos y cuadernos diversos, de aquí para allá sembrando una buena nueva, en el qué y en el cómo, para los oprimidos, para los empobrecidos, para que aprendan de la realidad y controlen el miedo, que se puede ir quitando la venda de los ojos y edificar desde el respeto y la solidaridad otro mundo. Que es posible ir arrinconando el sistema que santifica la codicia inagotable y la interminable ambición de unos pocos contra la inmensa mayoría. Que es necesario y posible levantar un mundo de fraternidad. Que es necesario hacerlo aunque, con frecuencia, se quisieran tener respuestas más precisas a comunes interrogantes.
Gracias Marta. Se hace camino al andar. Tú has andado y andas mucho o… más que mucho. Y, sé que lo sabes, nos has ayudado a mucha gente a andar, para edificar un planeta sin explotadores y explotados, sin abusos.
Te lo agradecemos quienes te conocemos, quienes te leemos e, incluso, quienes no han tenido ocasión pero por los que también te afanaste. Gracias amiga.




