“Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad”
(Despedida de ‘Pasionaria’ a los voluntarios de las Brigadas Internacionales)

Sostienen los aficionados al fútbol y, en especial, aquellos que sorben los vientos por el Real Madrid, que Gareth Bale es un jugador extraño y muy peculiar. Apagado la mayor parte del tiempo, quizás pensando más en el golf que en la actividad deportiva que le da de comer (cobra 17 millones al año), de pronto saca su zurda a escena y se hace la luz del gol y de la euforia. ¡Cosas del fútbol! Pero estas notas no van de Gareth, aunque sí de otro Bale, Jonathan, el abuelo brigadista de Gareth Bale.

La Wales International Fighthers (WIFI), una asociación creada por antiguos brigadistas internacionales del País de Gales, ha publicado parte de sus archivos y fondos documentales, entre los que se incluyen los informes y entrevistas de un importante número de brigadistas galeses, en los que narraban su experiencia como miembros de las Brigadas Internacionales en la Guerra Española 36/39. Entre estos informes apareció el de Jonathan Bale.

Nació Jonathan Bale en el año 1913 en Pontllanfraith, una pequeña localidad del condado de Caerphilly Gales, en el seno de una humilde familia, cuyos miembros dependían del trabajo en las minas de carbón. Desde muy joven comenzó a trabajar, acompañando a su padre y tíos. Su trabajo forjaría en él una marcada conciencia de clase, lo que le llevaría a afiliarse con solo 17 años al South Wales Miners Association, uno de los sindicatos o “trade union” que formaba parte de la poderosa Miners Federation of Great Britain (MFGB).

A salir de la mina, desde España llegaban noticias alarmantes, había comenzado la primera batalla contra el fascismo en Europa. Algunos compañeros del sindicato ya habían cruzado el Canal de la Mancha. La idea comenzó a tomar fuerza en su cabeza, y finalmente a mediados de enero de 1937 partiría rumbo a España en compañía de sus también compañeros y amigos desde la infancia Thomas Jones y Kenneth Follet… Finalmente llegaron a Madrigueras (Albacete), donde comenzaría su entrenamiento militar. Junto a sus inseparables amigos sería destinado a un pelotón de ametralladoras, probablemente debido a que los tres habían trabajado con percutores neumáticos en las minas de su Gales natal.

Tras interminables semanas de preparación, por fin serían trasladados al frente. El 6 de julio de 1937 comenzaría la ofensiva de Brunete y la compañía de Bale participó en la toma de Villanueva de la Cañada. En jornadas posteriores participarían en el intento de toma del cerro Mosquito y el vértice Romanillos, bajo una auténtica lluvia de fuego.

En tierras aragonesas, durante un periodo de descanso, Jonathan participó en un partido de fútbol entre componentes del Batallón Británico y un combinado de tropas españolas. En aquel partido Jonathan Bale se lesionó, echando la culpa al estado del terreno de juego. El día del partido recibieron la visita del cantante, deportista y actor norteamericano Paul Robeson, y del líder del partido laborista Clement Attlee. Les acompañaba el político español Rafael Sánchez Guerra, que había sido presidente del Madrid C.F. hasta el comienzo de la contienda.

A principios de Marzo, cerca de Alcañiz y en una mañana de niebla, cayeron presos. Tras muchas horas en tren llegaron a San Pedro de Cardeña (Burgos), donde fueron confinados cientos de brigadistas internacionales durante la contienda. Jonathan Bale y sus dos amigos permanecerían varios meses prisioneros, trabajando en la construcción de una carretera, aunque en realidad su labor consistía en mover grandes piedras de un sitio a otro, para volver a llevarlas al sitio anterior al día siguiente.

Avanzado 1938 los prisioneros británicos fueron informados que serían devueltos a su país. En Santander embarcaron hacia Portsmouth. Jonathan Bale regresó a su Gales natal acompañado de sus dos inseparables amigos. Conseguiría rehacer su vida y con los años formar una familia, pero nunca renunció a sus ideales ni a su pasado, siempre repetía con orgullo que él combatió en España contra el fascismo. Igualmente continuó con su actividad sindicalista durante toda su vida. En las legendarias huelgas de los años 80 contra las destructivas políticas de Margaret Thatcher era habitual verle al frente de las manifestaciones con su inseparable boina de brigadista. Así, hasta el final de sus días. “¡Vivan los héroes de las Brigadas Internacionales!”.

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