Las Fuerzas Armadas de Brasil prepararon cuidadosamente lo que los generales denominan la recuperación democrática del poder para volver a imponer su hegemonía pero sin recurrir a la violencia como durante la dictadura militar.

Las investigaciones del analista Jeferson Miola, del Instituto de Debates, Estudios y Alternativas de Porto Alegre, le han llevado a la conclusión de que Bolsonaro fue el motor electoral para aplicar la fase final del proyecto estratégico de los militares.

El actual presidente es la pieza civil definitiva en el engranaje secreto de los generales para apoderarse de la democracia “de manera suave pero constante y contundente”. Con la excusa de las denuncias de la Comisión de la Verdad que investigó las responsabilidades criminales durante la dictadura militar, la cúpula de los uniformados recuperó la doctrina del enemigo interno para dirigir el anticomunismo histórico contra el Partido de los Trabajadores al comprobar que no podían desplazar electoralmente ni a Lula ni a Dilma.

Miola recuerda que la candidatura presidencial de Bolsonaro fue propuesta por primera vez el 29 de noviembre de 2014 en la Academia Militar más importante de Brasil. Desde entonces, las Fuerzas Armadas sincronizaron su intervención a través de los cómplices jurídicos, políticos y mediáticos hasta imponer el golpe parlamentario contra la presidencia de Dilma y el procesamiento mentiroso de Lula para que no pudiera ser candidato.

Lo que ahora falta por ver es qué van a hacer con un Bolsonaro que sin el respaldo de Trump puede tener más inconvenientes que ventajas para los militares brasileños.

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