Nadie causa más daño a una ideología que quienes intentan defenderla cuando en realidad se equivocan, reforzando así a sus adversarios. Con el feroz título de Los imbéciles de la bandera, tono grosero desacostumbrado en un diario digital al que estoy abonado, un documentalista la emprende con la bicolor proyectada en Nochevieja en la Puerta del Sol por el PP. Tanto Pedro Sánchez como más aún Pablo Iglesias, rechazando con violencia la republicana, como antes ya el PCE, han apostado por la rojigualda pero la gran mayoría de sus seguidores la ignoran o incluso algunos la rechazan violentamente, al no insistir sus dirigentes en el tema.
Nada, pues, más natural que la derecha, que tiene de todo menos de tonta, aproveche esa gran incoherencia sobre el símbolo de España, otra palabra tabú para los mismos insensatos que quieren gobernarla, y la exhiben lo más que pueden como si fuera sólo suya (y en parte lo es por esa insensata dejadez de los otros), atrayendo, por ese motivo al menos, a la mayoría de los ciudadanos. Sí, en eso no es que sean malos sino avispados y los otros tontos. O, para ver si por fin se entera ese señor, emplearé su lenguaje: claro que hay imbéciles de la bandera, los peores, quienes defienden desde la prensa esa necia y tan dañina contradicción de gran parte de la izquierda.




