El Lula que habló el 10 de marzo al país es el Luis Inácio Lula de Brasil. Es, al mismo tiempo, el inmigrante del noreste que llegó para ser trabajador en São Paulo. El mismo Lula que luchó duramente contra el recorte salarial de la dictadura y contra la propia dictadura. El Lula que fundó el PT y ayudó a fundar la CUT y el MST.

El mismo Lula que se atrevió a presentarse como candidato a la presidencia de Brasil en 1989 y que estuvo a punto de ganar, de no haber sido por las sucias maniobras de Globo. El mismo Lula que lideró la oposición al neoliberalismo de Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso.

Es el mismo Lula que llevó a la izquierda a ganar las elecciones presidenciales en Brasil en 2002. Es Lula el mejor presidente que ha tenido Brasil, el que atacó las desigualdades que marcan al país, el que hizo que la economía brasileña volviera a moverse, el que llevó el nombre de Brasil a su máximo nivel en el mundo.

Es Lula quien eligió a la primera mujer presidenta de Brasil, el mismo que luchó por su reelección. Es Lula quien lideró la resistencia al golpe de Estado contra Dilma y los gobiernos neoliberales que retornaron mediante el fraude.

Es Lula quien, con toda dignidad, sufrió una injusta prisión y una absurda condena. Fue Lula quien resistió, demostrando su inocencia, hasta recuperar su libertad.

El Lula que habló es el de cuerpo entero. Comenzó desde su trayectoria, desde cómo dejó el sindicato metalúrgico, para presentarse, a regañadientes, a la policía federal, porque sabía que era inocente. Como si esperara ese momento, en el que se reconociera su inocencia y pudiera volver a la misma unión que dejó.

El 10 de marzo Lula volvió al sindicato de São Bernardo, -donde yo también estaba- contó la historia de todo lo que había pasado desde entonces, hasta la jornada histórica del 9 de marzo. Cerró un período que incluyó la detención de Lula y su supervivencia en la cárcel de Curitiba.

SALIR DEL LAWFARE

De esta manera, Brasil sale del proceso de judicialización o lawfare, la nueva estrategia de la derecha, que dio el golpe contra Dilma, sin ningún fundamento, detuvo, condenó e impidió que Lula fuera candidato, también sin fundamento, para terminar en la monstruosa maniobra electoral que llevó a la elección de Bolsonaro. Argentina sorteó el lawfare con la elección de Alberto Fernández; Bolivia, con la elección de Luis Arce; Ecuador, con la elección de Andrés Arauz.

En Brasil, el proceso aún no ha culminado en las elecciones de octubre de 2022. Ahora está claro que Lula es el candidato. La encuesta de la semana pasada, arroja que Lula cuenta con un 50% de apoyo y el menor nivel de rechazo entre todos los precandidatos, con una tendencia al alza, mientras que Bolsonaro tiene un 38%, alto nivel de rechazo y una tendencia a la baja.

En todo caso, las resoluciones judiciales favorables a Lula, que tienden a restablecer sus plenos derechos políticos, contribuyen a su discurso. Su figura reaparece no sólo como el gran líder de la oposición, sino que se proyecta hacia la disputa entre Lula y Bolsonaro en 2022.

La posición de Lula desplaza no sólo a los otros precandidatos de la izquierda, sino también a los intentos de ganar votos del centro para una candidatura propia, por los llamamientos de Lula al empresariado para construir un gobierno que retome el crecimiento económico con distribución de la renta.

SOBREVIVIR HASTA 2022

El escenario político está más definido, pero está por ver cómo sobrevivirá Brasil hasta 2022. Porque estamos viviendo el peor momento de la crisis económica y social, además de la pandemia. El agravamiento de la pandemia y la lentitud de la vacunación proyectan la recesión económica también a 2022. La derecha expresa su temor de que las concesiones que Bolsonaro se vea obligado a hacer sean inútiles, porque Lula es mucho mejor articulando políticas de Estado para las políticas sociales, además de romper con el techo de gasto.

Lo cierto es que esta semana es un hito en la situación política contemporánea del país. Lula, sin decirlo, desató la campaña electoral. Bolsonaro ya priorizó su comportamiento y su discurso adaptado a su mayor objetivo, la reelección.

La proyección es ampliamente favorable a Lula. La eventual derrota de Bolsonaro representará también la derrota de la aventura del lawfare en la que se involucraron los militares, ocupando miles de puestos en el gobierno.

Lula reapareció identificado con un proyecto nacional, enarbolando un mensaje de paz, esperanza y acuerdo político. El nuevo reto en la vida de Lula se proyecta como una nueva batalla, lo que ha caracterizado su vida. Su talante, su fuerza política y su carisma le ponen en plenas condiciones para salir victorioso una vez más.

Fuente: alainet.org

Descubre más desde Mundo Obrero

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo