Vladimir Putin está perpetrando un ataque brutal sobre Ucrania, una actuación injustificable aunque Rusia tenga motivos para sentir amenazada su seguridad. Los bombardeos suponen un fracaso colectivo para todos los pueblos amantes de la paz y respetuosos con la Carta de las Naciones Unidas, base de la convivencia pacífica y del derecho internacional vinculante para la comunidad mundial.
La Carta recoge principios básicos de las relaciones internacionales pacificas, desde la igualdad soberana de los Estados hasta -por supuesto- la prohibición del uso de la fuerza. Es una norma que debe ser respetada para evitar que el mundo acabe destruyéndose en la época de las armas nucleares.
Es cierto que la guerra en Ucrania no comienza ahora. Llevamos años de tensión por la constante e injustificada expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas. El golpe de Estado del Maidán, impulsado y justificado por Estados Unidos y sus aliados en 2014, supuso un recorte de libertadas políticas en Ucrania, incluyendo la ilegalización del Partido Comunista.
Estados Unidos recupera un peso internacional que había perdido. Y en Ucrania las milicias y las fuerzas protonazis refuerzan su apoyo social y militar. Un mundo multipolar retrocede
El Partido Comunista de España ha intentado -junto a sus aliados- contribuir a calmar el estado de ánimo bélico y a combatir las limitaciones a la libertad de expresión y la rusofobia que van imponiéndose en Europa y en España.
INICIATIVAS DIPLOMÁTICAS, NO ARMAS
Desde el minuto uno de este conflicto hemos llamado a un cese inmediato de las operaciones militares iniciadas por Rusia en Ucrania y a secundar las iniciativas que están promoviendo una solución pacífica y definitiva para garantizar un sistema de seguridad compartida de Ucrania, Rusia y Europa, al margen de las lógicas e intereses impuestos desde fuera de nuestro continente.
No hemos apoyado el envío de armas por los gobiernos europeos a Ucrania, convencidos de que la medida no aguanta un debate especializado sobre defensa, como han venido poniendo de relieve diferentes especialistas diplomáticos, académicos y militares.
Armar a la población ucraniana no es más que una huida hacia adelante de Occidente para no abordar la cuestión de fondo: que nuestros intereses geoestratégicos no son coincidentes con los de Estados Unidos en la zona. Incluso Borrell reconoció el 11 de marzo que la OTAN había cometido un gran error al no garantizar la seguridad de Rusia.
Esta guerra se debería haber evitado si en lugar de la lógica de la tensión militar, impulsada por Rusia, Estados Unidos y la OTAN sobre Ucrania, se hubiese optado por construir una seguridad continental integrada, tal y como se aprobó en 1990 en la llamada Carta de París por parte de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), hoy Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
Estados Unidos recupera protagonismo internacional y Putin se refuerza en Rusia.
A los trabajadores del mundo no les favorece esta guerra, cuya consecuencia está siendo el resurgimiento político de unos Estados Unidos que vuelven a tener un papel internacional que habían perdido. Cabe recordar que durante la pandemia ningún Estado pidió ayuda a Estados Unidos mientras que 87 la pidieron a China.
El retroceso en la construcción de un mundo multipolar que impulsaba China para dejar definitivamente atrás la estrategia de Guerra Fría, el incremento del gasto militar por gran parte de la Unión Europea, que hasta ahora lo había rechazado cuando Estados Unidos se lo exigía, y la crisis económica venidera llegarán acompañados de medidas antisociales que se justificarán apelando a la necesidad de parar a Putin.
La irresponsable actuación del presidente ruso solo puede tener resultados positivos para él en el interior de su país, donde puede conseguir que las diferencias internas -producto de sus políticas neoliberales, autoritarias y antisociales- pasen a un segundo plano en favor de la unidad nacional frente al enemigo exterior.
Ahora los problemas económicos y de todo tipo que viene sufriendo el pueblo ruso ya no serán responsabilidad de su pésima y corrupta política sino de las sanciones impuestas desde fuera. Al tiempo, la anunciada pretensión de desnazificar Ucrania está resultando fallida porque el pueblo llano está tratando de escapar, dejando a las milicias y fuerzas protonazis más fortalecidas en lo militar y con más apoyo en lo social.
UNA EUROPA AUTÓNOMA DE LA OTAN
Es imprescindible desescalar este conflicto, impulsando que Europa avance hacia un sistema de seguridad compartida que supere la lógica de la Guerra Fría, que inicie procesos de desarme verificables y consiga convertirse en una zona libre de armas de destrucción masiva.
España y la Unión Europea no deben formar parte de este conflicto, como tampoco deberían plegarse a los intereses de Estados Unidos dentro de la OTAN, sino que deberían secundar iniciativas diplomáticas activas para poner fin a la agresión rusa y contribuir a la construcción del imprescindible sistema continental de seguridad compartida.
Por ello, recuperando la lógica y la letra de la Carta de París, es urgente realizar una conferencia internacional auspiciada por la ONU y la OSCE para empezar ya a construir una seguridad compartida que dé garantías a Ucrania, a Rusia y a toda Europa.




