Suele decirse que la verdad es la primera víctima de la guerra. Y suele ser verdad, desgraciadamente. Las muertes que provoca la guerra necesitan de la mentira para justificarse. Las hemos sufrido en las guerras todavía vigentes de Yemen, Siria o Palestina y las recientes de Libia, Yugoslavia o Irak. El control de la información es vital para conseguir el apoyo de la población a la guerra propia, el odio al enemigo y el intento de aturdimiento de la opinión pública crítica. Para ello, se atribuyen reiteradamente todo tipo de atrocidades al adversario , se silencian las propias a la par que se construye una imagen idílica de los nuestros. La censura de YouTube del documental de Oliver Stone “Ucrania en Llamas” realizado en 2016 o la decisión del diario ABC de eliminar de su hemeroteca digital una información de 2016 sobre la violación de unas niñas por milicianos ucranianos dan una idea del alineamiento militar en los medios.

El resultado es el guion de una de esas películas tan habituales de ruso malísimo, feísimo y tontísimo con que se nos instruye tan a menudo en la programación nacional de las distintas cadenas. Veamos algunos ejemplos.

Ataque a la central nuclear. Durante días se nos ha bombardeado con la amenaza rusa a las centrales nucleares, sin que nadie se pregunte qué interés pueden tener los rusos en reventar una central nuclear. Resulta muy extraño el comportamiento ruso si tenemos en cuenta que una de las primeras acciones militares que llevaron a cabo fue la de tomar el control de la central de Chernóbil, que no tiene ningún valor militar ya que no produce energía. Es obvio que el objetivo era impedir que fuese atacada para culparlos a ellos. Si la intención rusa era reventar la central, ¿por qué no lo hicieron una vez se hicieron con el control de la misma? Únicamente se explica aplicando a los rusos el guion de malos, feos y tontos muy tontos.

Una semana después, los medios al unísono nos informan de que Rusia había “bombardeado” la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Ucrania. El programa Al Rojo Vivo estuvo un día difundiendo un vídeo de un misil ruso impactando en la central nuclear. Todo el mundo se puede equivocar o puede ser intoxicado. Se reconoce el error, se rectifica y punto. El problema es que los responsables de este informativo manipularon un vídeo y convirtieron la imagen de una bengala en un misil ruso.

En el video original se observa cómo varias bengalas iluminan el aparcamiento de la central nuclear. Pues bien, los responsables de este programa cortan el video en el momento en que la primera bengala impacta en el aparcamiento de forma que parezca un misil y nos informan de que Rusia lo ha lanzado contra la central nuclear. Si el vídeo completo no se hubiese conocido a través de las redes, esa es la imagen que habría quedado. El ejército ruso no bombardeó la central nuclear de Zaporiyia tal y como se nos ha “informado”.

Ataque a la maternidad de Mariupol

El ataque ruso a un hospital materno infantil en Mariupol ha sido la estrella informativa varios días. La primera noticia la dio el presidente de Ucrania a través de un video y un tuit en el que decía “los niños están bajo los escombros”. Durante dos días asistimos a versiones diferentes sobre las consecuencias del ataque. Sorprendentemente, horas después no había niños muertos y las víctimas se cifraban en 17 heridos. Posteriormente, a los 17 heridos se añadieron tres mujeres fallecidas. El primer vídeo de Zelenski no muestra a ninguna víctima. Será en un vídeo varias horas posterior en el que nos mostrarán a dos mujeres embarazadas, ambas con heridas en el rostro, siendo evacuadas del hospital recién bombardeado. Los medios españoles han dado por buena la información de Zelenski y han utilizado el adjetivo “atroz” para calificarla.

En contra de lo que se supone que exige la deontología profesional, se ha ocultado al público la versión rusa, que asegura que el hospital había sido desalojado una semana antes y que en él se habían instalado tropas de la división Azov. El Gobierno ruso afirma que había denunciado esta situación. Los medios rusos aseguran que el vídeo de las embarazadas heridas es un montaje posterior al bombardeo.

Me parece una temeridad poner la mano en el fuego ante ninguna de las versiones. Se supone que los medios serios ofrecen la información más completa posible con la versión de las dos partes. Lamentablemente, hurtar la versión de una de las partes se ha convertido en norma y no solo en la guerra. De ahí que haya que desconfiar de la veracidad de lo que transmiten. La imagen de las incubadoras del segundo vídeo me ha recordado el “atroz” ataque iraquí a la maternidad de Kuwait. Fue una y otra vez difundido por los medios como verdadero. Amnistía Internacional lo calificó de crimen de guerra. Nadie informó de la versión iraquí. Tardamos meses en saber que fue un montaje de un tipo de desinformación que tiene nombre: “atrocity propaganda”. No hubo tal ataque.

Obviamente nadie se para a pensar qué ganan los rusos bombardeando un hospital infantil. Pero, claro, como son malos, feos y tontos muy tontos…

Corredores humanitarios

Desde hace una semana está habiendo negociaciones para establecer corredores seguros para que los civiles puedan abandonar las áreas de combate. El Gobierno de Zelenski está culpando a los rusos de disparar a los civiles que intentan salir. Esta es la información que, salvo raras ocasiones, se difunde reiteradamente en nuestros medios. El ejército ruso denuncia que son las milicias las que están impidiendo salir a los civiles y que están minando las salidas, pero la versión rusa se ignora. Creo que es obvio que a Rusia le interesa que salgan los civiles. Pero, como ya va quedando claro, los rusos son malos, feos y tontos muy tontos…

Laboratorios de guerra biológica

El día 7, Rusia anunció que había descubierto un laboratorio de guerra biológica en el que quedaban rastros de la destrucción de agentes biológico como ántrax, cólera y tularemia, patógenos que se encuentran en el listado de agentes de bioterrorismo del CDC de Atlanta.. Según el ejército ruso, disponían de documentación que revelaba que estos laboratorios estaban siendo financiados de forma secreta por Estados Unidos. Aunque, a las pocas horas, China pidió explicaciones a Estados Unidos, los medios españoles no recogieron esta información. Es de suponer que pensaron que se trataba de una intoxicación como la de la guerra del Golfo, de la que sí se hicieron eco.

Un día después, el 8 de marzo, la subsecretaria de Estado Victoria Nuland comparece ante una comisión del Senado donde es preguntada por este asunto:

Senador Marco Rubio: ¿Tiene Ucrania armas químicas o biológicas?
Victoria Nuland: Ucrania tiene instalaciones de investigación biológica que, de hecho, ahora nos preocupa bastante que las tropas rusas, las fuerzas rusas, puedan intentar hacerse con el control, así que estamos trabajando con los ucranianos sobre cómo podemos evitar que cualquiera de esos materiales de investigación caiga en manos de las fuerzas rusas si se acercan.

Los corresponsales españoles tampoco escriben nada al respecto. Eso sí, al día siguiente titulan sus crónicas con la posibilidad de que Rusia utilice armas químicas en Ucrania, recogiendo las palabras que la portavoz de la Casa Blanca ha pronunciado como respuesta a las acusaciones rusas. Es decir, que los medios españoles informan de forma destacada de la respuesta que da la Casa Blanca a una acusación de la que no han informado.

Rusia, con el apoyo de China, exige una reunión del Consejo de Seguridad sobre este asunto. Estados Unidos no aporta ninguna información explicativa y se limita a acusar a Rusia de estar haciendo propaganda con este asunto. Y esto es lo que se limitan a recoger los medios. Si lo dice Estados Unidos, cómo vamos a no creérnoslo, parece ser la línea editorial de éstos.

Otro apunte para finalizar. Está confirmado el asesinato de al menos uno de los miembros de la comisión negociadora ucraniana que participó en las primeras conversaciones de Bielorrusia. Los medios lo han obviado. Imaginemos que uno de los miembros de la delegación rusa hubiese sido asesinado a su regreso a Moscú. ¿Lo hubiesen ignorado los medios? “Ocúltese al lector” que decía un periodista.

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