Hace ya años que nadie, ni siquiera los políticos más alejados de la realidad social y ecológica, pueden negar que el cambio climático es un hecho. Ni aquel cuñado tan avezado, (emparentado con un ilustre político) que renegaba de la existencia del desastre, tendría la osadía de negar a día de hoy unos hechos cuyos efectos se sienten cada día en cualquier lado del mundo.

La ONU define el cambio climático como los cambios a largo plazo de la temperatura y los patrones climáticos. Aunque pueden ser en parte naturales, actualmente y desde el siglo XIX, ha sido la actividad humana la que en mayor parte lo está provocando.

La quema de combustibles fósiles y las emisiones de gases como el metano, y el dióxido de carbono generan una capa que envuelve la tierra no dejando rebotar el calor del sol hacia el exterior y elevando las temperaturas. Las fuentes de energía, los medios de transporte, la agricultura, la ganadería extensiva se encuentran entre los principales emisores de estos gases.

Récords alarmantes

Las peores previsiones se están cumpliendo, según ha informado la OMM (Organización Meteorológica Mundial) en su texto preliminar del “Estado del clima mundial 2022”. Los datos definitivos se darán a conocer en abril de 2023 pero, con los informes recopilados hasta el pasado mes de septiembre, han querido lanzar una advertencia para la COP27 (Cumbre climática de Egipto) que comienza este mes de noviembre.

En un acuerdo histórico se ha conseguido que se debata en la cumbre introduciéndo “in extremis” un punto en favor de los países más afectados por el cambio climático que son (cómo no) los más pobres y las más sufridas víctimas de un sistema basado en el consumo exacerbado e innecesario y en la producción rápida de bienes de consumo. Se estudiarán modos de compensación económica de unos países a otros.

Es el caso de África, que emitiendo solamente el 3,8% de todos los gases de efecto invernadero, sufre las peores consecuencias del cambio climático.

En un sistema y en un momento en el que recibimos información (y desinformación) por muchas vías en lo que respecta a la deriva de nuestro planeta, hay voces que de modo valiente han destapado y acercado a la gente de a pie soluciones, causas y efectos que (a veces por desconocimiento y a veces porque no conviene) se han mantenido ocultas.

Esta es una buena selección de fuentes donde poder informarnos de este tema:

Una verdad incómoda (2006)

Fue posiblemente, el primer documental que claramente advertía de la que se venía encima. Y fue el primer contacto con esta realidad para la mayoría de las personas. Al Gore, candidato a la presidencia la de los EEUU por el Partido Demócrata en el 2000 y ambientalista, fue reconocido con el premio Nobel de la Paz por su contribución a la lucha contra el cambio climático. Con un lenguaje sencillo alertaba sobre sequías, deshielos, y los fenómenos extremos que se sufriría a medio plazo. Fue un éxito a todos los niveles, se alzó con 2 Óscar y numerosos premios cinematográficos. Mirándolo 15 años después es sobrecogedor lo acertado de sus predicciones.

Esto lo cambia todo (2015)

Naomi Klein nos trajo este documental a partir de su libro “El capitalismo contra el clima”. En él, correlaciona y demuestra la relación entre los sistemas económicos y la crisis climática. Dos caras de una misma moneda. Especialmente interesante es su tesis de cómo los gobiernos no están actuando si no es movidos y obligados por los movimientos sociales espontáneos.

2040 (2019)

Una visión más positiva del problema.  El australiano Damon Gameu se centra en la tecnología a la que ya hemos llegado para imaginar un futuro (exactamente en 2040) en el que se hubieran adoptado las medidas necesarias para revertir el cambio.

Transportes más limpios, agricultura sostenible, energías renovables. Es algo de lo que ya disponemos; ahora está en manos de la voluntad de los poderes fácticos la velocidad a la que se haga posible.

Seaspiracy (2021)

Kip Andersen centra su documental en la devastación de los ecosistemas marinos. Con un estilo de periodismo de investigación que no deja margen de duda acerca de su veracidad, pone al descubierto las mafias que llevan a no perseguir prácticas no solo poco éticas, sino también ilegales.

Mediante el uso de cámaras ocultas, entrevistas a expertos, etc, nos muestra cómo la sobreexplotación pesquera no solo afecta a la vida marina si no a todo el ecosistema, ya que en el mar se encuentra una enorme fuente de renovación del oxígeno en forma de fitoplancton.

Eating our way to extinction (2021)

Cuando pensamos en cambio climático, identificamos seguramente factores como la contaminación provocada por la industria, el transporte o otras fuentes de dióxido de carbono como los principales culpables de la situación. ¿Puede tener algo que ver la industria cárnica y su enorme poder con que no culpemos a la ganadería extensiva según su real aporte al problema? Datos objetivos esclarecedores de cómo la deforestación se debe en gran parte a la alimentación del ganado que a su vez libera enormes cantidades de metano a la atmósfera y de cómo estos lobbies han influido políticamente para esconder el grado en que la ganadería actual afecta al clima.

Now (2021)

Este es un gran documental para conocer las últimas investigaciones, qué soluciones se podrían tomar. El alemán Jim Rakete mezcla intervenciones de rostros conocidos como Greta Thunberg y pone en entredicho y sobre el tapete aquellos “beneficios” que nos iba a traer la globalización. Aquello que nos vendieron iba a servir para ayudar a los Estados más pobres, no ha hecho sino agrandar la brecha entre los países a todos los niveles, también el ecológico.

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