Que estamos en una edad complicada, ya lo sabemos. Complicada sólo en lo de reencontrar tu lugar en el mundo cuando ni el Mercado ni la Madre Naturaleza te mantienen la ilusión de ser un Tarzan omnipotente. Tampoco la Política favorece tu bienestar porque fuera de los que se hayan cobijado bajo un chiringuito o aparato de partido político, (forzosamente pocos, porque no están los partidos de masas para grandes dispendios y los otros subcontratan los equipos de asesores), los que íbamos de ciudadanos concienciados y con voluntad de participación a tiempo parcial, esto es, después del trabajo, la familia y algún partido (de fútbol) televisado, nos encontramos casi sin darnos cuenta en los márgenes de la vida.

En seguida nos damos cuenta de que se «han perdido los valores». ¿Cuáles y en qué medida?. Eso depende del motivo de la rabieta. Pueden ser universales idealistas, como la Honradez, el Gusto por el Trabajo Bien Hecho, pueden ser más concretamente políticos como la Conciencia de Clase o el Espíritu Revolucionario.

A esto hay que añadir el Foso Generacional y los discursos de Aznar despreciando groseramente los que fueron nuestros grandes impulsos sociopolíticos, el progresismo, el debate y la pancarta. Y nos llaman trasnochados, ahora que no podemos asistir a un macroconcierto o festival lúdico benéfico sin mirar disimuladamente el reloj porque nos cuesta madrugar.

Así no hay quien conserve el buen humor ni quien se conforme con el papel de abuelito de Heidi, sobre todo ahora que nos quieren meter (a los abuelos) en las batallas matrimoniales de nuestros hijos a cuenta de nuestros nietos.

Pero la rabia supera reumas y anquilosamientos. Volvemos a luchar por el valor de la Palabra, receptáculo mínimo aunque indispensable de la Comunicación. Y ya empezamos a oír testimonios de cincuentones (que todavía trabajan pese a la tendencia prejubilatoria de estos Tiempos Modernos) expresando su malestar, su disconformidad con lo que está sucediendo, con esta Política de bajo perfil y esta Economía de alta especulación.

El que avisa no es traidor. Como los «panteras grises» volvamos a la asamblea y a la multicopista se van a enterar de lo que es un análisis concreto de una realidad concreta en un momento concreto.

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