Qué duda cabe que la «clase obrera» existe; pero, ¿con qué status o bajo qué forma? Y, sobre todo, ¿podría ser todo él políticamente pertinente?
Es celebre, pero por completo incomprendida, la distinción marxista (hegeliana) entre una clase obrera «en sí» y otra «para sí»; entre una clase obrera que lo es… paradojalmente, sin saberlo; y una que, además de ello, tiene «conciencia» de serlo y obra en consecuencia.
Para los idealistas mentalistas ninguna explicación más se necesita; pero, para los materialistas, la conciencia, en tanto conciencia lógica, no es otra cosa que ¡¡organización!!
No se es «clase para sí», sujeto activo del cambio revolucionario, por albergar no se sabe qué «pensamientos», «opiniones» o «ideas», procedentes, acaso, de lecturas o sermones «laicos»; sino porque se está efectivamente comprometido, de modo práctico, con alguna suerte de proyecto emancipatorio en ejercicio, por modesto que fuere, en que se sustancie algo que pueda merecer el noble nombre de conciencia (suprasubjetiva y lógica).
La clase obrera «para sí», por tanto, la clase obrera en su sentido políticamente significativo, en la medida en que no esté ya actuando como efectivo sujeto político transformador, y como el Dios de Hegel, no existe… ¡¡aún!!: es tarea de cada militante, cada colectivo, cada vilipendiado, expoliado y explotado el construirla, a su modo y con los medios a su alcance, desde su barrio, centro social, lugar de trabajo, escuela o pueblo… sobre la base de su común pertenencia a la mera clase «en sí» de los desposeídos (por respecto de los medios de producción… y tanto otro).
¡Qué fácil es para nosotros, los militantes comunistas, apelar, con una infinita superioridad moral, a la falta de «conciencia» (en su sentido, ahora, meramente psicológico-subjetivo) de la gente para justificar nuestros propios fracasos en la tarea de promover la articulación y convergencia de los núcleos de resistencia popular que solo esas mismas gentes podrían iniciar!
Esos núcleos son la materia misma de la programación política partidaria: ni cabría «deducirlos» ni tampoco inventarlos; sino tan solo tomarlos como materiales ya dados a una cierta escala y trabajar, colectivamente, a partir de ellos como hacen los albañiles con el hormigón, ladrillos, tejas o sillares.
¡El elitismo intelectualista de la pretendida «vanguardia obrera» presta a administrar mediante sus discursos y panfletos el «espíritu» de que el pueblo carecería apesta! ¡Nada más son que autojustificaciones burdas! ¡Pura petición de principio que descansa sobre la suposición de que sea la conciencia un mero «contenido mental» ínsito entre las cuatro paredes craneanas!
¡Y no es eso; no es eso…!
Hoy y siempre: ¡¡organízate y lucha!! La «conciencia», si algo significa, es, precisamente, «solo» (¡¡y tanto!!) eso: nada más.
Hoy y siempre: ¡¡poder popular!!




