Digo yo, Derecha, que no serás del todo ajena a la situación que se crea en tus adversarios cuando parece que están a punto de superarte en votos, cuando te superan en votos si se unen. En cuanto nos descuidamos un poco ya estamos repartiendo hostias sin consagrar en lugar de comulgar de un mismo cuerpo y sangre. Y digo también, en voz bajita, para que se diferencie del exceso decibélico mediático, que no me gusta nada que seamos tan proclives a defender las esencias atómicas y subatómicas a riesgo de cargarnos todo el tejido que podría vencer tu programada desnudez neoliberal.
Con esto te reconozco que soy escasamente conspiranoico y que no hay enemigo peor que el que llevamos dentro, ya sea la casta, la caspa o la confusión ideológica, que de todo hay en todas las viñas de los señores y de los plebeyos. Lo que no quita para que tema tus trucos sucios y la conocida costumbre romana de conspirar con traidores sin pagarlos.
De las debilidades de los míos no voy a hablarte. Tú las conoces muy bien porque las vienes fomentando y explotando desde los tiempos primeros de la Transición, cuando nos entró (nadie quiere reconocer cómo) esa «responsabilidad de Estado» que firmó acuerdos y soslayó señas de identidad para que pudiéramos instalarnos en una democracia intervenida, escasamente soberana salvo para establecer el límite de nuestra sumisión, que ahí sí que hemos querido ser más exigentes que nuestros propios amos y señores y casi resucitamos aquello de «vivan las caenas» (si nos ataban con créditos que no eran tales sino débitos).
Y todos quisimos sentirnos clase media, lo que en España significa optar por una mediocridad sociocultural que te deja desarmado, individualizado frente al peligro de una ofensiva neoliberal como la que se nos ha venido encima. La cultura como recurso para el consumo. La cultura del ocio y el entretenimiento… y de la distracción y la confusión.
Y la contaminación ideológica: Acuérdate de cuando la publicidad ponía en valor lo del trato personalizado, que es como asegurarte que tu ataúd tendrá personalidad propia y vas a destacar en el entierro colectivo. La multitud de consumidores se lo creyó por aquello de que, además de lo de todos, iba a disponer de un detallito para adornarse. Muy humano. Muy ilusorio. Muy clase media de toda la vida o de recién llegados en busca de supuestas delicatessen. Nos globalizaron proclamando que no éramos famélica legión porque comíamos hamburguesas hasta ponernos cebados. Luego aprendimos que no hace falta pasar hambre para estar mal alimentado, como no hace falta estar en paro para ser pobre.
Nosotros estamos, una vez más, estrangulándonos con los lazos que deberían unirnos, pero lo superaremos porque ya estamos acostumbrados a que nos ofrezcas todas las oportunidades cainitas, que para eso dominas el lado oscuro de la fuerza y los medios donde se convierte en folletín audiovisual todo lo que debiera ser objeto de estudio y reflexión desapasionada. En cambio tu binomio perfecto Derecha-clase media está, si cabe, peor porque empiezas a darte cuenta de que el reparto del botín es muy desigual, tanto que estás volviendo a ser clase baja y pobre. Te va a costar mucho alcanzar la conciencia de clase en tu nueva situación. Intentarás, hasta el último momento, fingir que la cosa no va contigo (individualmente) pero compruebas cada día que el paro y la precariedad alcanzan a los tuyos.
Como te falta mucha madurez ideológica y te sobra simpleza inculta, te ofrezco una sabia metáfora del cancionero popular: «El patio de mi casa es particular / cuando llueve se moja como los demás”.
A ver si comprendes que el patio no es solamente una zona de paso vigilada por un conserje o vagamente supervisada por un portero automático. Si no eres de esa Derecha absolutamente pringada en todos los chapapotes morales y financieros, si no quieres aburrirte de contemplar cómo las protestas morales y formales no te salvan del desastre, empieza a reflexionar sobre tu situación real en el sistema de producción. Oye, y en los mercados internacionales. ¿A cómo está el kilo de españolito bravío en el famoso concierto de las naciones? No nos mires a nosotros, que no somos los que ponemos el precio a las cosas. Nosotros sólo tratamos de que se reconozca su valor.




