Hemos creído conveniente para facilitar la lectura de Trotski en el exilio de Peter Weiss esbozar unas breves notas sobre los fundamentos históricos del trotskismo. Para este menester hemos recurrido a varios estudios y al Dictionnaire crítique du marxisme dirigido por George Labica para extraer algunos datos sobre la vida y obra de Trotski, base de la obra citada. El trotskismo, para el autor del artículo incluido en el mencionado diccionario, en primer lugar, es una noción política que se utiliza para caracterizar la posición original de Trotski en el POSDR (Partido socialdemócrata) y su participación antes y después de los primeros años en la Revolución. A este periodo le seguiría una segunda etapa que comenzó en 1923 y que representaría el paradigma de toda la oposición de izquierda, según el léxico estaliniano y el movimiento comunista, y ya, por último, a partir de 1938, se correspondería con sus diversas posiciones en torno a la IV Internacional.

Desde el punto de vista político, el trotskismo es definido globalmente como una izquierda minoritaria, tendencia anticipada durante el periodo 1910-1911 con su acercamiento a la línea menchevique. Y ya en el periodo 1917-1924, Trotski forma parte con Lenin y Bujarin del núcleo de dirigentes de la Revolución con diferentes responsabilidades entre ellas la de organizador del Ejército rojo, aunque en el plano teórico y estratégico difiera con Lenin en determinados aspectos políticos, que Peter Weiss desarrolla en su obra teatral. En lo que concierne a su reflexión sobre su concepto central estratégico, la revolución permanente, que nace de su experiencia revolucionaria en 1905, Trotski mantiene que la revolución será mundial o no será, pensamiento que sostiene en relación con el sentido de los procesos históricos, pero que contrasta con una lucidez pesimista concerniente a las grandes tragedias del siglo XX y el dramaturgo alemán desarrolla en “La Revolución mundial”, el cuadro doce del segundo acto.

En lo que respecta al plano intelectual, el trotskismo constituye un conjunto de proposiciones con las que quiere elaborar una estrategia revolucionaria coherente a escala mundial, así como constituirse en un testimonio histórico crítico de gran valor sobre la Revolución de octubre, el estalinismo y el fascismo.

Sobre la construcción de sus políticas y estrategias en los periodos anteriores a 1917, durante y después de la Revolución y sus peripecias en sus exilios son los materiales con los que Peter Weiss construye Trotski en el exilio, estrenada en 1969 y que, como en los dramas La Indagación y Marat/Sade, tienen como base la teoría del Teatro-Documento.

Antes de llegar a su concepción teórica y práctica, el recorrido tanto vital como literario de Peter Weiss podemos describirlo con la palabra exilios, una producción narrativa que incluye las novelas Adiós a los padres (1968) y La conversación de tres caminantes (1969) y un acercamiento al mundo del cine, una experiencia que le suministrará las bases técnicas de sus obras del ciclo del Teatro-Documento. Este es un tipo de teatro realista que continúa los presupuestos de Piscator y de algunas obras de B. Brecht. En sus Notas sobre el Teatro-Documento, incluidas en sus Escritos políticos, nos informa de su naturaleza, objetivos y técnicas dramáticas y de la importancia e imprescindibilidad del sentido artístico. Es un teatro esencialmente informativo que se nutre de materiales heterogéneos, como noticias de prensa, reportajes, etc., en el que se suprime todo tipo de fabulación para mejor desenmascarar la falsedad, la manipulación, y la mentira de los medios periodísticos que encumbren los acontecimientos de la realidad inmediata, y ofrecer también una visión diferente de la historia oficial.

El T-D no olvida que sus resultados se obtienen de una investigación, de una búsqueda científica de documentos y del trabajo sobre estudios de historia realizados por autores reconocidos, aunque no siempre enfocados desde una misma línea ideológica. En lo que respecta a Trotski en el exilio, dada su estructura dialectilizada, en su desarrollo está presente la nota doce de la obra citada en la que explica que a una cita le sigue la descripción de la situación que, en una rápida ruptura, se transforma en otra contrapuesta. La estructura de la obra se compone de fragmentos antitéticos, en series de ejemplos análogos, en formas contrastantes, en proporciones cambiantes y en variaciones sobre un mismo tema, proceso dramático que se desarrolla en forma gradual con interrupciones, como la inserción de monólogos, un sueño, una ruptura en la línea cronológica, o en los comportamientos contradictorios de los personajes. Estas rupturas en el seno de la acción pueden crear inseguridad en el espectador, inseguridad que busca provocar un efecto de choque para mostrar a un individuo golpeado por los acontecimientos. Todos estos aspectos técnicos nunca deberían crear la confusión, al contrario, deben estimular la atención sobre la multiplicidad de los niveles del suceso, por esto, las técnicas nunca deben ser utilizadas gratuitamente.

Con estos elementos teóricos de fondo, Peter Weiss escribió su obra, como él afirma para situar a Trotski en el lugar que le corresponde en la Revolución y en la historia, objetivo que tanto en Occidente como en la URSS no fue comprendido y dio lugar a interpretaciones que, según el autor, hay que situar dentro de la época en que fue estrenada, es decir, en plena guerra fría y con un compromiso inequívoco que reiteró en diferentes entrevistas: Expliqué en Berlín que el socialismo supone la autocrítica y la total libertad de opinión… Me sitúo enteramente junto al marxismo-leninismo en tanto que idea fundamental, porque supone la crítica, el cambio.

Trotski en el exilio fue estrenada en la RFA (Dusseldorf y Hannover), aunque el sueño del autor hubiese sido estrenarla en Moscú. La recepción crítica basculó entre la benevolencia y la descalificación, con alguna favorable excepción. La crítica más negativa fue de Lev Ginsburg publicada en una revista moscovita en la que califica la obra de P. Weiss de tendenciosa, antisoviética y esquemática, elementos que le impiden ver la complejidad de la historia rusa. Para el citado crítico también es una obra anticomunista tanto dentro como fuera de la RFA y alimento del aventurismo de los grupúsculos de extrema izquierda para los que Trotski es descrito con todas las virtudes del profeta desarmado.

Peter Weiss respondió a Lev Ginsburg con una amplia carta, también incluida en Estudios políticos, en la que se opone a sus planteamientos argumentando que sus ideas son incompatibles con el materialismo dialéctico, para concluir sus razonamientos en que “su” Trotski no es una apología, sino una rehabilitación, un acto de justicia.

Trotski en el exilio tiene dos actos compuestos por nueve y seis cuadros respectivamente organizados de acuerdo a la teoría explicada en el Teatro-Documento. El primer acto se abre con el cuadro de la deportación de Trotski a Alma-Ata en enero de 1928 para contrastar con el segundo en 1901 que se desarrolla con su deportación a la colonia de castigo de Verjolensk, Siberia, donde se encuentra con otros presos políticos de distintas ideologías. Allí comienza a esbozar su concepción del Partido y la Revolución a la luz de la historia. A estos dos actos le siguen aquellos que se producen en sus diferentes exilios o destierros para terminar este primer acto con la narración de las jornadas de la Revolución de Octubre. No es casual que en el tercero Lenin y Trotski se encuentren en sus respectivos exilios en Londres en 1902 donde se produce la misma situación en otros actos: los diálogos que ambos líderes sostienen a lo largo del proceso dramático de los que en apariencia el lector o espectador puede colegir que está ante el clásico esquema dramático protagonista-antagonista, dicotomía que queda rota, cuando se comprueba que el verdadero antagonista de los dos dirigentes es Stalin.

El segundo acto se inicia con el cuadro diez para terminar en el quince con sus respectivos antetítulos que nos anuncian los núcleos temáticos del mismo: Kronstant, La muerte de Lenin, La revolución mundial, El enemigo del pueblo, El testamento y La ejecución y donde se quiebra el orden cronológico de la historia. En este acto se narra la etapa de la trayectoria de Trotski de exilio en exilio y su caída, la muerte de Lenin y sus premoniciones: Ya no tengo control sobre el rumbo que toma (la nave). Stalin tiene que ser alejado de su puesto. Demasiado poder en sus manos, premoniciones que se concretaron con la represión contra la oposición de izquierda.

Trotski en el exilio no es una lección más de historia sobre la Revolución con sus grandezas y contradicciones, sino otra posibilidad -en la obra leemos que el levantamiento elemental ha perdido sus posibilidades desde la Comuna de París– que tampoco escribió el punto final, sino que abrió otros caminos para otros combates.

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