A la ofensiva, amor, a la ofensiva. Esta vez que caven otros las trincheras. Desde el convencimiento y la esperanza, desde la ilusión de ser parte y motor de una fase de cambio. Y en la mochila Dolores y Pepe Díaz.
Hay quienes han llenado la mochila de elementos contradictorios y nos quieren convencer ahora desde el patriotismo de los químicamente puros. Como si en la caja de herramientas no lleváramos una de extrema utilidad: la memoria. Aquellos/as que defendieron Maastricht enarbolando de forma en absoluto pacífica la bandera de la “modernidad” frente a IU y al PCE, imparten ahora lecciones de seguridad identitaria. Y hay que decirlo de forma nítida: Maastricht no está en nuestra mochila, no cabe, no puede entrar como herramienta para frenar el bloque constituyente de ruptura y convertirlo en una bisagra del social liberalismo disfrazado de socialdemocracia.
Pero además, desde el hilo lógico de las identidades históricas, es comprensible que no estén seguros de nada ni de nadie, porque en absoluto están seguros de ellos/ellas mismos. “Sé quién soy”, dijo Alonso Quijano el Bueno, y se lanzó con seguridad al exterior de la relación con otros, cambiando el signo de la novela occidental. Desde la modernidad derivada del dogmatismo de la resignación, son los mismos que han defendido de manera acrítica la vigencia de la Constitución del 78, como si el incumplimiento flagrante de sus artículos fundamentales, el impacto de Maastricht en su línea de flotación (ese Maastricht artillado por el BCE y el Euro, que impide cualquier soberanía política, económica y hasta ideológica: en su seno es imposible la izquierda marxista) y, por si faltaba poco, la reforma en beneficio de la deuda y en contra de los gastos sociales del artículo 135, no hubieran convertido ese texto, sagrado para algunos, en sombra, en polvo, en nada. Y además digo: ¿no demuestra muy a las claras el proceso constituyente de Cataluña que los nuevos sujetos históricos no caben en un texto que solo se esgrime últimamente para meter la libertad en el corralito de las seguridades?
Vale la pena intentarlo, con esperanza y convencimiento, desde el grito a la ofensiva de Alonso Quijano, a pesar de los sacerdotes del realismo, inaugurando con fuerza una respuesta desde el sur, que debe unirse a otras respuestas de futuro, frente a la vieja y decrépita Europa de la libertad controlada por los bancos. La paz social en Europa es un pacto de corruptos y todos los muros de la historia son un juego de niños ante la muralla de los nuevos cancilleres, que han encargado al Mediterráneo la defensa a muerte del paraíso de los egoísmos.
Ojalá levante de nuevo su vuelo el fantasma glorioso de la sublevación social y podamos decir que un nuevo fantasma recorre Europa, a lomos de la unidad diversa de un nuevo sujeto histórico capaz de arrasar con la resignación y el sometimiento.




