El presidente en funciones, Mariano Rajoy habla con doble lenguaje. Uno, de alumno sumiso y obediente de cara a Europa en que se compromete con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker a hacer nuevos recortes para la segunda mitad de año mientras saca su cuaderno de notas de buen comportamiento con deberes bien cumplidos, como la reforma laborales y los recortes realizados hasta ahora. Y paralelamente emplea un lenguaje diametralmente opuesto, esta vez triunfalista para dirigirse a los españoles convocados a las urnas el próximo 26 de junio: promete bajar impuestos y dice que el objetivo del déficit no repercutirá en un aumento de los recortes. Conclusión: miente a alguien. O a Juncker a los españoles.

Lo cierto es que esa misiva de Rajoy a una de las cabezas de la Troika ha conseguido que se aplace una posible sanción económica, que podría llegar a los 2.100 millones por haber cerrado 2015 con un déficit del 5,1%, bastante superior al que se había comprometido: 10.000 de euros más de lo permitido. La sanción y las medidas de ajuste quedaría aplazada para julio, cuando pasen las elecciones, con lo que la derecha económica y política, nacional e internacional, se apoyan para no dejar al descubierto la política económica con la que Rajoy, si fuera reelegido empezaría esa nueva legislatura. Aceptan la petición de Rajoy de que tengan en consideración la “compleja situación política” de España.

Aún así, y a pesar de que el compromiso de hacer nuevos recortes tras las elecciones que se refleja en la carta, fechada el 5 de mayo, Rajoy continúa declarando a la prensa nacional e internacional que no habrá recortes y que bajará los impuestos, como ya hizo en la anterior campaña electoral. El presidente en funciones habla, además, como si volviera a ser reelegido, y así parece recibirle el jefe de la Comisión Europea, con esa moratoria, cuando la realidad es que diversas encuestas hoy muestran el sorpasso conseguido Unidos Podemos respecto al PSOE y de una aproximación al partido de Rajoy enfangado hasta las cejas por la corrupción.

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